Dolor, Traicion y Engaño

Dolor, Traicion y Engaño

Todo en la vida no es como te lo imaginas, y no siempre te sale como quieres.

Mizz 15

Mizz Jonas bellos

Mis Jonas

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sorry, sorry

no me maten, es q mi PC no quiere prender,  ahora mismo esoy desde la lapto de mi ti, pero les prometo q desde q mande a arreglar mi PC les subo super maraton jijiji


PD: espero q no me hayan olvidado jijjij

Dolor, Traición y Engaño cap 2

Narra Joe:

Verdaderamente nose que me paso con _____. Porque la bese? Porque esa pasion y ese deseo tan tepentino? Porque?

Solo se que me encanto besarla, su perfume, ese olor era algo esquizito, un afrodixiaco para mis sentidos. Su cintura estaba diseñada para mis manos.

Segui con mi trabajo, revisadno apuntos, viendo fotos, videos en mi lapto, pero aun no me saco de la mente el rostro de _____, el sabor desu beso y el olor de su cuello.


Narra Nick:

Luego de hablar con _____ me dirigi al supermercado. Alli compre la cena. Ya se que me habia dicho que llegaria tarde, pero la esperaria.

La he descuidado mucho, pero voy a reparar ese daño que le hice. Ma vale tarde que nunca. Un poco de vino, uvas, fresa, velas aromaticas, flores en la mesa, petalos en el suelo y musica suave. El mejor afrodiciaco que existe, para una noche espectacular.

Todo lissto, pense. Solo falta que llegue _____.

Puse la comida afuego lento, para cuando llegara no la encontrara fria. A las 10:00 P.M llego a la casa. Por suerte la cena casi estaba.


Tu: que es todo esto Nick - dijo entrando a la sala.

Nick: una sorpresa para mi querida esposa - le repondi, mientras la atraia asi mi y la besaba - te gusta?

Tu: te digo cuando salga del Shock.

Nick: ven sientate - dije mietras sacaba una de las silla - vengo en un momento.


Narras Tu:

Fue toda una sorpresa para mi entrar a la casa y encontrarme con todo esto: frutas, velas, misica etc.

Que estara planiando Nick.

Bueno mientras el planea, yo disfruto. Hacia tiempo que no disfrutaba de una buena cena y una compañia agradable. Si tan solo supiera en que falle, que hoce o hicismo mal, para que nuestro matrimonio se deteriorara de tal manera.

Vivimos en la misma casa, pero hacemos muy pocas cosas juntos y apenas hablamos. Desayunamos juntos si cuando yo me levanrto el aun no se ha ido y eso pasa como 2 veces por semana.

Nunca cememos junto y cenamos juntos rara vez y a la hora de dormir, es como si la cama estuviera dividida en 2, es como si pococ fuimos creando un muro de ladrillo. Pero por lo visto Nick esta dispuesto a destruir ese muro y si el esta dispuesto, yo tambien.


Nick: ya estoy aqui - dijo saliendo de la cocina con una vandeja.

Tu: te puedo ayudar en algo?

Nick: no, todo esta listo. Solo tienes que quedarte hay sentada y disfrutar.

Tu: pues eso hare.


Sirvio la cena y luego se sento en frente de mi.


Nick: cuentame, como estuvo tu dia?


Que paso? De que me perdi? De cuando aca Nick etsa tan atento a lo que me pasa en el dia?


Tu: bueno... no paso nada del otro mundo y a ti como te fue  -no le podia contar lo que habia ello cuando sali del trabajo.


Eso haria que nuestra cena de reconciliaccion, como le habia puesto yo, se hechara a perder.


Nick: nada del otro mundo.

 

Chicas hasta aqui el cap, ojo mi pc digue dañada, le subi esta cap para que no les de un infarto, les propmeto que el prosimo cap sera super hot jijiji, no pasen sin comentar bay besos ♥♥

Dolor, Traición y Engaño cap 1

Narras Tu:

Mientras caminaba por las calles de Chicago en pleno invierno, dispuetsa a encontraruna solucion a mi problema. Resivi una llamada de mi querido esposo.


Tu: hola - le respondi a Nick.

Nick: donde estas?

Tu: en la calle, por?

Nick: no me dijiste que etarias en casa temprano?

Tu: cambio de planes, tengo un compromiso de ultimo minuto.

Nick: y la cena?

Tu: prepara algo rapido en el microondas o pide una pizza.

Nick: esta bien, bay.

Tu: bay.


Luego de colgar saque de mi bolsillo aquella tarjeta que me habia dado una de mis amigas la cual decia: Joseph Miller detective privado, junto al numero y la direccion. Estaba dispuestas a averigual lo que hacia mi esposo fueera del trabajo, aunque tuviera que contratar aun detective.

Nick de un año para aca se viene comportando de una manera estraña. Resive llamadas a tardes horas de la niche, siempre las contesta en privado y habla en voz baja, siepre llega tarde a casa con la escusa de que tenia trabajo atrasado o una reunion, ya no es tan cariñoso como auntes, me he dado cuenta de que sus camisas tienen olor a un perfume de mujer cada vez que llega, en fin creo que me engaña. Por eso necesito la ayuda de ese detective, segun tengo entendido es muy bueno.

Luego de entrar en aquel edificio, me encontre con una secretaria, la cual me dijo que el señor Miller me atenderia en unos momentos.


Secretaria: puede pasar.

Tu: gracias - luego de tocar la puerta pase - permiso.

***: delante.

Tu: señor Joseph.

Joe: solo Josph.

Tu: un gusto soy la señora Jonas, _____ Jonas.

Joe: en que le puedo servir?


Pude observar cuando se despojo de sus gafas que tenia los ojos color avellanas, con reflejos verde, un rostro perfecto conformados por unos labios carnosos y muy bien definidos. Que cosas pienso? estoy casada, con un hombre que quizas me sea infiel.


Tu: bueno vine por que quiero que me siga a alguien, quiero saber todo lo que hace y con quien esta.

Joe: aquien?

Tu: a mi esposo.

Joe: necesito sus datos, nombre, donde trabaja y una foto de el.

Tu: se llama Nicholas Jonas, aqui esta su foto - le dije pasandole una que siempre llevo en mi cartera - y trabaja en la empresa Jonas, el es el dueño.

Joe: ok, perdone mi atrevimiento, usted quiere que investigue si su esposo le es infiel?

Tu: si, se puede decir que si.

Joe: pero como un hombre le puede tener una amante con una mujer tan bella a su lado?

Tu: por lo visto el - dije un poco ruborisada por su piropo.

Joe: la acompño a la puerta - dijo parandose.


Ambos nos paramos para dijirnos a la puerta, el iva delante de mi y desde atras pude ver el magnifico trasero que tenia, me dieron unas ganas inmensa de sentir como se contraia en mis manos.

Parada al lado de la puerta dispuesto a abrimela, pero en vez de eso me atrajo asia el. Para besarme. Sus labios presionados a los mios y encajaron a la perfeccion, su mano se acomodo en mi cintura, mientras que las mias se colocaron en su trasero. Me presiono contra la puerta, apretandose contra mi cuerpo, bajo sus labios a mi cuello donde se concentro en besarlo y chuparlo.


Tu: siempre besas asi a tu clientas?- logre decir

Joe: solo a las que me excitan de esta manera, eres la primera.

Tu: lo siento pero no piedo - dije alejandome - apenas te conosco y estoy casada.

Joe: con un hombre que te podria ser infiel y por el modo que reaccionaste cuando te bese, tambien te ha descuidado en la cama. Hace cuanto que no ptracticas sexo?

Tu: hace un mes.

Joe: vez lo descuidada que te tiene.

Tu: pero aun asi estoy casada.

Joe: ok como quieras - dijo levantando las manos en el aire, con una sonrisa muy sexy.

Tu: cunado puedo venir a buscar la informacion?

Joe: en una semana.

Tu: entonces me tendras aqui el prosimo miercoles, hasta entonces.

Joe: hasta luego - dijo abriendome la puerta.


 

Mujeres hasta aqui el cap, espero q les aya gustado, no les subi antes por q tenia l apc daña, pero ya esta, si duro mas de una semana para subir cap, es q la pc de me volvio a dañar es q tengop q llevarla donde un tecnico, poer hay momento en q no me quiere prender y ella prende cuando quiere jajajjaja no pasen sin comentar la seguire muy pronto bay besos ♥♥

Dolor, Traición y Engaño sinopsis

Siempre soñe con tener un matrimonio perfecto lleno de amor, sin ningun secreto y creia tenerlo. Pero luego de 4 años de casados me di cuenta de que todo era Dolor. Mas tarde me entere se du Traicion. Luego de pensar que esa otra persona era el amor de mi vida me entero que es un Engaño.

 

bueeno hasta aqui, esta es la sinopsis de la nueva nove la cual es Nick, Joe y Tu jijijiji, pronto subire el cap 1 no pasen sin comentar bay besos ♥♥

La casa de las fantasias epilogio!

Dos años después.

 

Maison du Soleil. La Casa del Sol. La recién restaurada plantación de Luisiana re­sultó ser el primer paso de ____ Winston Jonas hacia la libertad, y una vida llena de bendiciones.

La fachada fue pintada de blanco y amarillo y no tenía ni una gota de negro. Dentro, las habita­ciones de la primera planta se habían restaurado siguiendo los planos originales, y el cuarto de ni­ños de la primera planta era la sala de estar, mien­tras que la habitación que en el pasado fue un lu­gar lleno de tristeza se convirtió en el santuario de _____, el despacho desde donde dirigía su empre­sa de asesoramiento y diseño.

Sin embargo, su mayor logro estaba saliendo por la puerta principal de la mano de Joe. Cuando padre e hija caminaron hacia la mesa preparada en el jardín, _____ dejó de recoger los restos de la fies­ta de cumpleaños para mirarlos. La niña, con el pe­lo moreno y rizado y los ojos azules como el cielo de verano, era idéntica a su padre, y nació casi un año después de que _____  y Joe intercambiaran sus votos matrimoniales en una remota playa de Barba­dos.

 

-Ven aquí, Chloe -dijo _____, poniéndose de rodillas.

La niña echó a correr con pasos inciertos hacia su madre, y ésta la tomó en brazos.

 

-¿Ya te has bañado? Hueles muy bien.

-Entre mantenerla dentro de la bañera y sacar­le los restos de tarta del pelo y las orejas, el baño ha sido toda una aventura -dijo Joe, sonriendo.

 

Chloe bostezó y apoyó la cabeza en el hombro de su madre.

 

-Está muy cansada -dijo _____-, pero así dor­mirá todo el trayecto hasta Shreveport  y Ellen podra  conducir mas tranquila.

 

Ellen se había ofrecido a llevarse a la niña de vacaciones con ella durante una semana, que _____ y Joe iban a aprovechar para estar unos días solos.

 

-Creo que ya se ha ido todo el mundo excep­to...

-Ven a darle un beso de despedida al tío Jeb.

 

En cuanto oyó la voz del anciano, Chloe se za­fó de los brazos de su madre y salió corriendo ha­cia el todoterreno de Ellen.

Joe se acercó a _____ y le pasó un brazo por la cintura. Juntos vieron cómo su hija se subía a la silla de ruedas del anciano, algo que había apren­dido a hacer recientemente y le encantaba.

 

-Sin duda Jeb se ha convertido en el abuelo adop­tivo perfecto para ella -comentó Joe.

-Lo único que siento es que cuando él muera quizá no lo recuerde.

 

Joe le apretó ligeramente la cadera.

 

-Tranquila, si ha llegado hasta aquí, seguro que todavía vivirá unos cuantos años más.

 

A _____ le hubiera gustado verlo, pero tenía la sensación de que el tiempo de Jeb en la tierra es­taba llegando a su fin, aunque logró seguir con vi­da incluso después de finalizados los trabajos de restauración de la plantación. Y durante su emba­razo. Y después del nacimiento de Chloe.

Poco antes de subir al coche de Ellen que iba a llevarlo de vuelta a la residencia donde vivía, Jeb quiso hablar unos momento en privado con _____. _____empujó la silla de ruedas del anciano hacia la hilera de pacanas y se detuvo debajo de la cabaña en el árbol donde el anciano había jugado en su infancia.

 

-¿De qué querías hablarme, Jeb?

-Hoy he hablado con la señorita Chloe -dijo el hombre tras dejar escapar un suspiro.

-Lo sé. Cada día sabe más palabras.

-No la niña. La hermana del señor Joe.

 

_____ mantuvo la calma, a pesar de su sorpresa.

 

-¿Dónde la ha visto?

-En la rotonda, mientras contemplaba su re­trato junto al de la señorita Grace. Me ha pedido que le dé un mensaje.

 

Algunos asegurarían que eran los desvaríos de un anciano, pero _____ sabía que no era así.

 

-¿Qué le ha dicho?

-Que le dé las gracias por devolver a su herma­no a la vida y por amarlo. Después me ha dicho que ahora se iría a descansar.

 

En muchos sentidos, Joe también le había devuelto la vida a ella y le había ofrecido una vida mucho mejor.

 

-Gracias por decírmelo. - El anciano suspiró.

-Estoy cansado, señorita _____. Yo también es­toy preparado para reunir me con mi familia.

 

_____ apoyó la mano en la mejilla del hombre con los ojos empañados.

 

-Lo entiendo, pero le echaremos de menos.

-No llore por mí, señorita _____. He tenido una buena vida, y usted la tendrá también. Cuide de la niña y de su hombre. Él depende de usted.

-Y yo de él.

Por supuesto que sí, porque su destino era com­prenderla. Y el suyo amarla.

 

_____ le dio un largo abrazo.

 

-Y no lo ignoré -dijo, recordando su consejo.

 

_____ se tomó su tiempo para empujar de nue­vo al anciano hasta el vehículo que lo esperaba. Jeb se había convertido en una parte tan importante de sus vidas que cada despedida era más difícil por temor a que fuera la última.

Mientras Joe ayudaba a Jeb a subir al coche y Ellen metía la silla de ruedas en el maletero, _____ se inclinó por la puerta abierta para despe­dirse de su hija. Comprobó los cinturones y des­pués le dio un beso en la mejilla.

 

-Pórtate bien con Ellen, cariño. Nos veremos dentro de unos días.

 

Chloe respondió metiéndose el dedo en la bo­ca. Ellen se montó detrás del volante.

 

-Lo pasará estupendamente jugando con mi so­brina, ya lo verás.

-Lo sé, pero llámanos si se pone muy difícil e iremos a recogerla. Y no se te olvide llamar cuan­do llegues.

 

Ellen le ofreció una picara sonrisa.

 

-Llamaré y dejaré que el teléfono suene dos ve­ces antes de colgar. Así sabréis que he llegado bien, por si estáis ocupados con otra cosa.

 

_____ fue a preguntarle a qué se refería, pero ya lo sabía. Y lo cierto era que pensaba estar muy ocupada con su marido durante muchas horas.

Por fin el coche se alejó y _____ sintió las ma­nos de Joe en la cintura, apretándola contra él. Se volvió hacia él y lo vio con la mirada perdida en el horizonte y una expresión sombría en el rostro.

 

-¿Qué pasa, Joe?

-Nada -respondió él, y suspiró-. Estaba pen­sando lo mucho que te hubiera querido. Y lo mu­cho que tú la hubieras querido a ella.

 

_____ no tenía que preguntar a quién se refe­ría.

 

-Si se parecía a su hermano, seguro que sí -se puso de puntillas y le dio un beso en los labios-. Y ahora que tenemos una semana entera para noso­tros, ¿dónde propones que la pasemos?

-En la cama.

-Bueno, teniendo en cuenta que tu hija ha he­redado tu insomnio, no nos vendrá mal una buena cura de sueño.

 

Joe le apretó contra él masajeándole las nal­gas.

 

-No me refería a eso, y lo sabes.

-No lo sé, porque para lo único que utilizamos la cama es para dormir.

 

Joe le pasó la lengua por el lóbulo de la oreja

 

-Bien, entonces vamos al salón azul.

 

_____ se estremeció.

 

-Ya hemos estado allí. De hecho, creo que he­mos estado en todas las habitaciones al menos una vez, si no dos desde que terminaron las obras.

-¿Has hecho alguna vez el amor contra el tron­co de un árbol, señora Jonas?

-No, señor Jonas, pero prefiero el salón rojo a tener el trasero lleno de arañazos.

-Entonces al salón rojo -dijo él-. Pero antes tienes que acceder a una cosa.

-Ya sabes que siempre estoy abierta a todas las posibilidades.

-¿También a tener otro hijo?

 

Dado que no habían hablado de tener más hi­jos, _____ estaba más que dispuesta a hablar de ello.

 

-No me negaría a tener un hijo, sobre todo si se parece a mí, ya que mi hija ha salido a su padre.

 

Joe sacudió la cabeza.

 

-Yo prefiero las chicas. Son mucho más intere­santes y complejas que los hombres.

-Joe, tú no tienes nada de simple ni aburri­do -le aseguró ella, que tenía experiencia de pri­mera mano.

 

Después de un apasionado beso y unas excitan­tes caricias, Adrien dijo:

 

-¿Por qué no vamos dentro y empezamos con ese niño?

 

_____ le apretó las nalgas.

 

-Es la mejor idea que has tenido en todo el día.

 

Mientras se dirigían a la casa agarrados por la cintura, _____ pensó lo mucho que habían reco­rrido juntos, desde la inmensa tristeza del princi­pio a las risas más espontáneas y sinceras de ahora. Desde las sombras a la luz. Y como él prometió, Joe le había llevado a lugares muy especiales, tanto dentro como fuera de su mundo privado. Pe­ro principalmente le había mostrado su corazón, que por fin había empezado a cicatrizar, y también el poder absoluto del amor.

Fin

 

q pensaron q ya se habia acabado, bueno ahora si se acabo jajaja bueno la prosima nove q subire... luego les digo cual es jajajja es q tengo muchas, pero esta vez no sera adaptada dino mia jijiji no pasen sin comentar bay besos ♥♥

La casa de las fantasias cap 20 Fiin!!

 

-Esta vez sí que has metido la pata, señor Jonas -dijo Ellen desde la puerta.

Todavía sentado en la cama de hospital de la habitación de Chloe, Joe levantó los ojos.

 

-No debiste dejarla entrar aquí.

No me diste otra alternativa -dijo ella, entran­do en la habitación y sentándose a su lado-. Tenía que saber la verdad. Tenía que saber que no eres un monstruo. Te quiere, Joe, y deberías acep­tar su amor. Y aceptar que tú también la quieres.

Adrien no quería que _____ le amara, ni tam­poco amarla, pero así era.

-Si supieras la verdad sobre ella, te alegrarías de que se haya ido.

-Si te refieres a sus capacidades telepáticas, me lo dijo antes de irse.

-Pero es ridículo -dijo Joe, volviéndose a mi­rarla-. Eres una mujer inteligente y sabes tan bien como yo que leer los pensamientos ajenos es impo­sible.

 

Ellen cruzó las manos en el regazo.

 

-Ya no estoy tan segura. Pero lo que sí sé es que en cuanto la vi supe que era diferente. Que estaba aquí por algo, sino nunca la hubiera contratado por su falta de experiencia -calló un momento an­tes de continuar-. Los dos cometimos errores con Chloe al no darnos cuenta de cómo se estaba de­teriorando, pero nuestras intenciones eran bue­nas. Igual que las de _____. Ella te ha obligado a sentir algo más que remordimientos, y te ha he­cho ver que todavía eres un hombre, no un capa­razón vacío. Es parte de ti. Ahora quiero saber qué piensas hacer al respecto.

-Nada -dijo él, recordando sus últimas pala­bras-. Le he dicho que se fuera y no volviera. -Si le pides que vuelva, volverá.

 

Dios, cómo lo deseaba. Más de lo que jamás había pensado.

 

-No sé cómo ponerme en contacto con ella.

-Por el amor de Dios, Joe. Puedes encon­trar a quien quieras -Ellen quedó pensativa un momento-. O si puede leer los pensamientos co­mo asegura, sabrá lo que sientes sin necesidad de que digas nada. Porque no puedes dejar de pensar en ella, y no dejarás de atormentarte hasta que por fin le digas que has cometido un error. Un error que no puedes permitirte, porque si lo ha­ces, estarás condenado a una vida de soledad. Y Chloe no querría verte así.

 

Ellen se levantó y dejó que Joe recapacitara sobre sus palabras y sobre sus sentimientos, tan fuertes e intensos que parecían sofocarlo.

Los remordimientos por su actuación en la muer­te de su hermana habían sido reemplazados por un sentimiento más amargo: los remordimientos de ha­ber dejado marchar a _____. Y si ella decía la verdad y podía leer los pensamientos, pronto sabría que ha­bía estado en ellos en todo momento.

¨¨o¨¨

-Es precioso, Hannah -dijo _____, mirando al bebé recién nacido que tenía en sus brazos-. ¿Có­mo se va a llamar?

-Trey.

-El nombre le va bien -dijo, dejando al peque­ño dormido en la cuna-. Duerme un rato. Pareces cansada.

-Tú también. Puedes quedarte en la habitación de invitados. ¿Qué tal tu trabajo?

-Se acabó.

 

Igual que su relación con Joe, y eso le llenó los ojos de lágrimas no derramadas, justo cuando creía que ya no le quedaban más.

Hannah la miró, alarmada.

 

-Oh, no, hermanita. No te habrán despedido, ¿verdad?

 

_____ se pellizcó el puente de la nariz para in­tentar contener las lágrimas.

 

-Se puede decir que sí.

-¿Qué vas a hacer ahora?

-No tengo ni idea.

 

De momento _____ sólo podía pensar en una ducha de agua caliente y una cama, aunque duda­ba que pudiera conciliar el sueño.

 

Lo pensaré mañana.

Siempre te ha gustado posponer las cosas, que­rida hija.

 

El sonido de la educada voz de su madre a su espalda la hizo volverse hacia la puerta. Allí estaba Lynette Albright con una pequeña maleta de viaje en la mano, tan elegante como siempre con un traje de chaqueta de lino blanco y los cabellos rubios y lisos perfectamente recogidos en un moño sobre la nuca.

 

-Hola, madre -dijo _____.

-¿Hola? ¿Eso es todo lo que tienes que decir­me después de desaparecer sin decir una palabra?

 

Una discusión con su madre era lo último que _____ necesitaba aquella noche.

 

-Estoy cansada, madre. Ahora mismo lo único que quiero es dormir.

-Selene se queda en la habitación de invitados, madre -dijo Hannah desde la cama-. Puedes vol­ver a casa con papá.

-No pienso hacer tal cosa -dijo Lynette, mi­rando a su hija menor-. Puede que necesite su ayuda con el pequeño por la noche.

 

_____ sabría que no podía posponer más la conversación que tenía pendiente con su madre.

 

-¿Por qué no vamos a tomarnos una manzani­lla y dejamos descansar a Hannah? -sugirió a su progenitora.

 

Las dos mujeres se despidieron de Hannah y fueron a la cocina, donde Selene preparó dos ta­zas de manzanilla en silencio.

 

-Hablame de ese trabajo, _____.

 

No era precisamente el tema del que _____ deseaba hablar.

 

-He estado restaurando una mansión histórica, pero he terminado.

 

Lynette arqueó una ceja, sorprendida.

 

-Ha sido muy rápido. Supongo que no había mucho que hacer.

 

Quedaba muchísimo por hacer y a ____ le dolía profundamente no poder terminar. Pero lo que más le dolía era no volver a ver a Joe.

 

-Básicamente puse el proyecto en marcha y aho­ra se ocupará otra persona.

 

Quizá otra mujer. Alguien a quien Joe pu­diera seducir. Alguien a quien pudiera robarle el corazón.

 

-¿Qué vas a hacer ahora? -preguntó Lynette.

 

_____ se encogió de hombros.

 

-Creo que utilizaré mi licenciatura en diseño e interiorismo. También puedo montar una empre­sa especializada en restauraciones históricas.

-Jan Myers tiene una bonita tienda en el centro. Estoy segura de que le encantará tenerte. ¿Quieres que la llame?

-Jan es decoradora, madre. Lo que yo hago es un poco más amplio -respondió _____con más dureza de lo que hubiera deseado, pero al ver la expresión dolida de su madre, añadió-: Pero te lo agradezco. Y si no te importa, necesito un lugar para vivir hasta que encuentre un apartamento.

 

La expresión de su madre se alegró visiblemen­te.

 

Nos encantará tenerte en casa otra vez. Tu ha­bitación sigue como siempre.

-Gracias.

 

Lynette se quedó mirando un momento a la ta­za de manzanilla y después miró de nuevo a su hija.

 

-Supongo que debo pedirte disculpas por mi actitud después de tu divorcio. Lo siento, pero te­nía muchas esperanzas con Richard.

-Fue más una fusión empresarial que un ma­trimonio, madre. No éramos felices.

-Lo sé. Igual que sé que, a pesar de toda mi oposición a que Hannah se casara con Doug, en­seguida me di cuenta de lo mucho que se quieren. Y eso, querida mía, vale mucho más que todo el oro de Georgia.

 

Por fin su madre se había dado cuenta de que la valía de un hombre no estaba directamente re­lacionada con su cuenta bancaria.

 

-Es hora de dormir -dijo su madre, apurando la manzanilla-, pero me temo que tendremos que compartir la cama.

-Puedo dormir en el sofá -dijo _____ ponién­dose en pie.

-No hace falta -dijo Lynette-. Aún recuerdo las noches que te despertabas con pesadillas en mitad de la noche y te metías en nuestra cama.

 

_____ sonrió al recordar todas las noches que su madre la durmió cantándole suaves canciones de nana.

 

-Ahora soy un poco más mayor.

-Sí, pero tu padre no estará en la cama con no­sotras, gracias a Dios. El pobre ronca más fuerte que una locomotora.

 

_____ se echó a reír. Las dos mujeres conti­nuaron recordando los maravillosos días de su in­fancia, hasta que se metieron en la cama y los pen­samientos de _____ volvieron a Joe.

 

_____...

 

El sonido de su nombre en una voz profunda y desolada incorporó a _____ de la cama y la hizo buscar frenéticamente por toda la habitación. Por un momento quedó desorientada hasta que se dio cuenta de que no estaba en la plantación, sino en casa de Hannah, y que era su madre y no Joe quien ocupaba la cama con ella. Sin embargo, hu­biera jurado que lo había oído.

Entonces lo volvió a oír.

 

Dios, te necesito...

 

Incluso a cientos de kilómetros, Joe había logrado entrar en su mente. Y ella no sólo podía oír sus palabras, sino también sentir su angustia tan intensamente como si fuera propia.

Incapaz de ignorar su dolor y la realidad de que estaban hechos el uno para el otro, _____ se levantó de la cama sin hacer ruido y se puso un par de vaqueros y una camiseta. Estaba atándose las zapatillas cuando se dio cuenta de que su ma­dre estaba sentada en la cama, mirándola.

 

-Son las cuatro de la madrugada, _____. ¿Dón­de vas?

-Vuelvo a Luisiana.

-¿Para qué?

-Para ocuparme de algo que necesita mi aten­ción. En realidad, un hombre: Joe -le dijo-. Tengo un asunto pendiente con él que podría es­tar directamente relacionado con mi felicidad. Dile a Hannah que seguí su consejo y dejé de ser cauta. Y que la quiero y que vendré a verla muy pronto. Ella lo entenderá.

 

Lynette pareció entender más de lo que su hija esperaba.

 

-¿Es un buen hombre?

-Sí, lo es, pero todavía no lo sabe.

 

Lynette dejó escapar un gemido.

 

-No me lo digas. No tiene un centavo a su nom­bre.

 

_____ se volvió desde la puerta con la bolsa colgada al hombro y le sonrió.

 

-Tiene muchos centavos, madre. Pero más im­portante que eso tiene mi amor, y como has di­cho antes, eso vale más que todo el oro de Geor­gia.

 

Cuando _____ llegó a la plantación al medio­día del día siguiente, dejó las llaves del contacto y el bolso en el asiento de delante por si Joe vol­vía a echarla de allí definitivamente.

Al igual que ocurrió el primer día que fue a la plantación, Éllen se tomó su tiempo para respon­der, y cuando por fin abrió la puerta, no pareció en absoluto sorprendida de verla.

 

-La estaba esperando.

-¿Dónde está? -preguntó _____, entrando en el vestíbulo.

-En su despacho, como siempre. ¿Qué tal su hermana? ¿Ya ha dado a luz?

-Bien, ha tenido un niño. Se lo contaré luego -dijo, yendo hacia las escaleras-. Tengo que hacer esto antes de que pierda el valor.

-Por supuesto, pero debo advertirla. Está de un humor de perros.

-Entonces ya somos dos.

 

_____ subió prácticamente corriendo hasta la puerta del despacho de Joe y la abrió sin mo­lestarse en llamar. El despacho estaba a oscuras, pero no tanto como para no ver que él estaba sen­tado en su sillón.

_____ cruzó el despacho y descorrió una de las cortinas.

 

-Antes de que digas nada, sé que me dijiste que no volviera -abrió la otra cortina-. Pero en mi au­sencia me he dado cuenta de algunas cosas.

 

Rodeó la mesa, apoyó las manos en la superfi­cie de madera y se inclinó hacia delante, mientras él la miraba en silencio.

 

-Primero, no trabajo para tí. Segundo, firmé un contrato y pienso cumplirlo hasta el final -empe­zó-, pero además de eso me niego a permitir que sigas interpretando el papel de héroe trágico. La muerte de Chloe fue terrible, pero no fue culpa tuya. Ella tomó una decisión, una decisión difícil, igual que yo estoy tomando la decisión de no tirar la toalla contigo, porque sé que cuando se ama a alguien todo se puede perdonar. Te quiero, inclu­so si en estos momentos tú no te quieres a ti mis­mo. Formamos un buen equipo, y pienso demos­trártelo aunque no quieras. Y si crees que me estoy portando como una... Dios, te quiero.

 

La silenciosa declaración le llegó con total cla­ridad.

 

-Dilo en voz alta, maldita sea. -Joe empujó el sillón hacia atrás, se levantó y le dio la espalda.

 

No puedo hacerlo, _____. No puedo hacerte esto.

 

-Sí, claro que puedes. Sólo tienes que ser sin­cero y reconocerlo en voz alta -se agarró a su pe­chera-. Por favor, Joe. Tengo que oírtelo decir.

 

Como él no respondió, _____ apoyó la frente en su pecho. Las lágrimas empezaron a derramar­se por sus mejillas y empaparon la tela de la cami­sa.

Los brazos masculinos la rodearon y Joe apoyó los labios en su oído. -Te quiero.

 

_____ levantó la cabeza y por fin vio la emo­ción que tanto había deseado ver reflejada en sus ojos.

 

-Yo también te quiero.

 

Entonces él la besó, primero en las mejillas hú­medas y después en los labios. Cuando después de un rato interrumpió el beso, dijo:

 

-¿Qué vamos a hacer ahora?

 

_____ se echó hacia atrás y sonrió.

 

-No tenemos que hacer nada. Sólo dejarnos lle­var y ver qué pasa.

-Estás arriesgándote mucho, _____, creyendo en mí -dijo él.

-Creo en nosotros, Joe. Y no es mi inten­ción salvarte, porque eso sólo lo puedes hacer tú. Pero puedo estar a tu lado hasta que lo consigas. Y lo conseguirás, lo sé.

 

Él la miró con tanto amor en los ojos, que _____ sintió de nuevo ganas de llorar.

 

-Por primera vez en mucho tiempo creo que tienes razón.

-Eso significa que podemos continuar donde estábamos, conociéndonos mejor, empezando des­de ahora.

-Tengo que ir a Los Ángeles -dijo él-. Esta tarde.

-¿Por trabajo? -dijo ella, decepcionada.

-En parte. Mis oficinas están en California y úl­timamente no me he ocupado de algunos proyec­tos importantes, incluida una fundación que creé en nombre de Chloe para financiar proyectos de investigación relacionados con lesiones de médu­la espinal.

-Es un tributo maravilloso, Adrien. Seguro que a ella le gustaría.

-Sí, lo sé. Pero antes tengo que pasar unas ho­ras en Florida para ver a mi madre.

 

_____ estaba dispuesta a sacrificar estar con él si eso significaba que hacía las paces con su ma­dre.

 

-¿Cuánto hace que no la ves?

-Casi un año. Vino tres o cuatro veces a ver a Chloe para convencerla de que se fuera con ella, pero yo me aseguré de no estar por aquí. En el fu­neral tampoco nos hablamos.

-Entonces creo que ya es hora de que hagáis las paces.

-Y quiero que vengas conmigo -dijo él, besán­dola en los labios-. Ellen se puede ocupar de la ca­sa. ¿Tienes el pasaporte al día?

-Sí, pero no sabía que hacía falta pasaporte pa­ra ir a California, a menos que la hayan declarado independiente sin que yo lo sepa.

-No pienso estar más que un par de días en Los Ángeles. Después, podemos ir a algún lugar exóti­co. Como Barbados, por ejemplo.

-¿Vas a enseñarme la playa de la que me hablas­te?

 

La misma que ella había visto a través de sus  pensamientos.

Él le secó una lágrima de la mejilla con el pul­gar.

 

-Voy a hacerte el amor en esa playa.

-Me parece estupendo, pero antes quiero que me prometas dos cosas -dijo ella-. Primero, no quiero tener que entrar en tu mente para saber lo que sientes por mí.

-Prometo repetírtelo a menudo. ¿Cuál es la se­gunda?

-Que tiremos al maldito sátiro del pasillo a la ciénaga -dijo ella-. O por lo menos lo encerremos  en el desván. No quiero volver a verlo nunca más.

 

Joe se echó a reír y la levantó en brazos.

 

-Lo haremos en otro momento. Ahora tengo que llevarte a la cama y hacerte el amor.

-Eso sí que es una novedad, hacer el amor en una cama -_____ consultó la hora-. ¿A qué hora tenemos el vuelo?

-A la que yo diga -dijo él-. De momento dedi­caremos unas horas a recuperar las veinticuatro que hemos estado separados.

-Veinticuatro horas y veintidós minutos, si no me equivoco.

 

Cuando llegaron a su dormitorio, Joe dejó a _____en el suelo y la besó apasionadamente. Des­pués hicieron el amor a plena luz del día, sin ocultar nada, ni siquiera la tristeza de Joe cuando por fin se desahogó en brazos de _____.

En esos momentos, ella vio al hombre que sa­bía que existía desde el principio, y supo que nun­ca querría irse de su lado. Y que nunca lo haría.

Hata aqui el cap, no pasen sin comentar la seguire pronto bay besos ♥♥

 

La casa de las fantasias cap 19

 

A _____ casi se le cayó todo lo que tenía en la mano cuando se volvió a mirar a Joe, que es­taba de pie en la puerta abierta y la miraba furio­so.

 

-Estaba mirando esto -dijo ella, alzando lo que tenía la mano.

¿Qué esperas encontrar?

-Respuestas. Ahora sé que Chloe no murió en el accidente, sino que quedó en una silla de rue­das. Pero no sé que ocurrió después, y necesito sa­berlo. ¿Tuviste algo que ver con su muerte?

 

Joe permaneció en silencio, y otra sucesión de imágenes mentales llegaron a cerebro de _____: Chloe en la cama con los ojos cerrados, Joe sujetándola, con las manos en su garganta, bus­cando el pulso. Y después de eso, el sonido desga­rrador del gemido de Adrien quebrando el aire.

 

-¿Se suicidó? -preguntó _____.

 

Joe se acercó a la ventana y le dio la espal­da.

 

-Ya tuve que soportar el interrogatorio del fo­rense, _____. No necesito otro de ti.

-Sólo quiero saber qué pasó.

-Mi indiferencia fue la causa de su muerte, es todo lo que necesitas saber.

-Joe, tienes que hablar de ello. Te está des­truyendo.

 

Él permaneció en silencio unos minutos, hasta que por fin dijo:

 

-Está bien, te daré los detalles -se volvió hacia ella con todo el dolor y el remordimiento refleja­do en la cara-. Chloe quedó tetrapléjica, paraliza­da de la mitad del torso para abajo. Podía usar par­cialmente la mano derecha y podía respirar sola, al menos al principio -empezó a pasear por el cuar­to mientras hablaba-. El día antes de su muerte, insistí en mudarnos más cerca de un hospital don­de pudiera tener unos cuidados más intensivos porque no mejoraba. De hecho, estaba empeoran­do. Pero ella no quería ir, y yo decidí contra sus de­seos.

-¿Y después?

 

Joe le dio de nuevo la espalda, como si no pudiera contar el resto mirándola a la cara.

 

-Ellen se ocupaba de ella durante el día, y por las noches yo le leía hasta que se dormía. Solía quedarme para asegurarme de que estaba bien. Pe­ro aquella noche... -bajó la cabeza-, estaba agota­do y me quedé dormido. Cuando desperté, no res­piraba. Intenté reanimarla, pero era demasiado tarde.

 

____ dejó los papeles en la cama y fue hasta él.

 

-¿Cuánto tiempo la cuidaste?

-Dos años.

 

Aunque él seguía de espaldas a ella, _____ hi­zo el viaje mental con él.

 

-Por las tardes la llevaba a dar un paseo por los jardines para que le diera el aire. Le gustaba di­bujar, y aunque le costaba, todavía podía hacerlo. Pero no era suficiente. No hice suficiente para ani­marla a seguir luchando.

 

_____ no estaba de acuerdo. Ahora entendía por qué Adrien no podía dormir, por qué su dolor era tan intenso y por qué tenía tantos remordi­mientos.

 

-No mucha gente habría hecho lo que hiciste tú, Joe. Y creías estar haciendo lo mejor. Esta­bas haciendo lo mejor.

 

Él giró en redondo, fue a la cama y tiró los di­bujos al suelo.

 

-Si no me hubiera dormido, habría podido lla­mar a una ambulancia y ella seguiría con vida.

 

_____ se plantó delante de él y le tomó la cara entre las manos.

 

-O quizá sólo hubiera retrasado lo inevitable. Si estaba empeorando, nadie puede saber cuánto tiempo habría durado.

 

Adrien suspiró.

 

-Se merecía más tiempo.

-Se merecía tener un poco de paz. ¿Cuándo dejarás de culparte?

-No puedo.

 

_____ le rodeó la cintura con los brazos.

 

-Sí, claro que puedes. Tienes que hacerlo. Y sé que Chloe no querría que siguieras viviendo así. Nadie te dice que lo olvides, pero ella te pidió per­dón. ¿La has perdonado?

 

Joe cerró brevemente los ojos, y cuando los abrió, _____ vio las lágrimas que tan desespera­damente intentaba contener.

 

-La he perdonado.

-Ahora tienes que perdonarte a ti mismo.

-Lo que hice fue imperdonable. Le fallé dos ve­ces.

 

_____ apoyó la cabeza en el pecho masculino.

 

-Chloe te perdona, Adrien. Y yo también.

 

Él le tomó la cara con las manos y la obligó a mirarlo.

 

-Ven conmigo, _____. Vamonos lejos de aquí. Sólo tengo que hacer una llamada y podemos es­tar en cualquier lugar del mundo en cuestión de horas.

 

Sería fácil aceptar y olvidar a su familia para es­tar con él, pero había hecho una promesa a su hermana y no podía irse.

 

-No puedo. Ahora no.

 

Él dio un paso atrás.

 

-Me tienes miedo. No estás segura de que te haya contado la verdad.

-Sé que me has contado la verdad. Tengo que ir unos días a casa para estar con mi hermana Hannah. Está a punto de dar a luz.

-Ve con tu familia -dijo él con repentina frial­dad-. Ellos te necesitan más que yo.

 

_____ no estaba segura de eso.

 

-No estaré fuera más de un par de días, Joe. Te lo prometo.

-Nada de promesas -dijo él-. Quédate en Ge­orgia, _____, y no vuelvas conmigo. Sólo te cau­saré sufrimiento.

 

Un profundo dolor surgió de su corazón a la vez que los ojos se le llenaban de lágrimas.

 

-No lo dices en serio.

 

Joe le dio la espalda y volvió junto a la ven­tana.

 

-Muy en serio.

-¿Quieres que deje todo lo que hemos com­partido? —preguntó ella.

-Sólo hemos compartido nuestros cuerpos y nues­tro tiempo, nada más.

 

_____ tenía los ojos cubiertos de lágrimas, pe­ro se negó a dejarlas caer.

 

-Puede que eso fuera para ti, pero para mí fue mucho más. Muchísimo más.

 

Y la vez que el mundo que Joe le habia enseñado se desplomaba a su alrededor, Selene se dirigió hacia la puerta.

Sin embargo, antes de alejarse para siempre, quiso decir algo más.

 

-Después de pensarlo mucho, creo que ya sé por qué cuando me fui de mi casa y conduje has­ta Luisiana no paré en Baton Rouge sino que con­tinué hasta St. Edwards y me quedé allí vanos días, sin decidirme a continuar.

 

Él se volvió y la miró sin expresión.

 

-¿Para salvarme de mí mismo? -preguntó con sarcasmo.

-No, para amarte.

 

Padre ese Joe si es idiota, jajajaj ok me calmo, hasta aqui el cap, no pasen sin comentar la seguire muy pronto bay besos  ♥♥

 

La casa de las fantasias cap 18

 

Joe empujó una silla que cayó al suelo.

 

-No tengo que escuchar esto.

-Sí, porque sé que le pasó algo, y sea lo que sea, te está corroyendo por dentro como si fuera áci­do.

 

Sin decir nada, Joe salió del comedor hacia el vestíbulo a grandes zancadas, pero Selene salió tras él.

 

-Para y escúchame -dijo antes de que él llega­ra al primer escalón.

 

Él se volvió a mirarla con ira y amargura a la vez.

 

-¿Por qué tengo que escucharte?

-Porque te he entregado toda mi confianza des­de el principio.

 

Porque te he contado algo que na­die más conoce. Y ahora te pido que tú confíes en mí y me hables de ella.

 

-Si de verdad tienes telepatía, ya debes saberlo todo.

-No lo sé todo -dijo ella, dando otro paso hacia él-, porque tú bloqueas esas imágenes. Y quizá por­que yo he hecho un esfuerzo inconsciente para no verlas, por temor a que hayas hecho algo terrible.

-En eso tendrías razón.

 

_____ se acercó al pie de la escalera, resuelta a insistir hasta obtener las respuestas.

 

Entonces me lo debes. Quiero saber quién era Chloe, qué le pasó, y qué tenía para que la amaras tanto que cuando murió decidiste enterrarte en vi­da.

 

Joe se desplomó en el segundo escalón y apoyó la cabeza en las manos. Cuando la miró, ha­bía tanto dolor en sus ojos que Selene sintió como si le clavaran una daga en el corazón.

Entonces la mente de Joe se abrió como las compuertas de una presa y envió una sucesión de imágenes a la mente de _____. Una joven more­na de ojos azules escalando, después buscando una mano a la que sujetarse e incapaz de hacerlo. Y ca­yendo, su cuerpo girando en el aire y golpeándo­se contra la pared rocosa antes de quedar colgan­do inmóvil de una soga.

_____ se sentó junto a él en la escalera.

 

-Cayó -dijo.

-No era una montañera experta. No tenía que haberme acompañado, pero me lo suplicó y yo no tuve valor para decirle que no. Nunca lo tuve.

-La amabas mucho.

-Todo lo que se puede amar a una hermana.

-¿Era tu hermana? -repitió _____, anonadada.

 

Joe se pasó una mano por la frente.

 

-Sí. Nació cuando yo tenía doce años, y era hi­ja de mi madre y el cerdo de mi padrastro. C hloe fue lo único bueno que salió de ese matrimonio -dejó escapar una cáustica risa-. Paradójicamente, Giles tenía el control de la herencia y me lo dejó todo a mí. También me nombró administrador de la parte de Chloe. Ni que decir tiene que a mi ma­dre y a su marido no les hizo ninguna gracia, ni tampoco que Chloe siguiera en contacto conmigo cuando me fui a vivir con Giles a los dieciséis años. Ahora me culpan del accidente, y por mucho que deteste reconocerlo, tienen razón.

-Tú no tienes la culpa -_____ le pasó un brazo por los hombros-. Tú mismo dijiste que fue un ac­cidente.

 

Joe se inclinó hacia delante, apoyó los co­dos en las rodillas y se pasó las manos por la cara.

 

-No quiero hablar más de eso.

 

_____se dio cuenta de que todavía faltaban al­gunas piezas del rompecabezas, pero al ver a Adrien tan destrozado decidió que de momento era sufi­ciente.

 

-Lo siento mucho, Adrien, pero no siento que me lo hayas contado. Quería quitarte parte de esa carga.

-¿Por qué, _____? -los ojos azules la miraron confusos.

-Porque te aprecio -dijo, aunque hubiera de­bido decir «Te quiero»-. Porque cuando estamos juntos soy más feliz de lo que he sido nunca, y cuando estamos separados tengo la sensación de que me falta una parte de mí. Ya sé que me di­jiste que un día te irías, pero no puedo evitar lo que  siento.

 

Él se volvió hacia ella y le enmarcó la cara con las manos.

 

-No merezco tu compasión ni pasar otro mi­nuto contigo, pero no puedo estar sin ti.

 

Y la besó con urgencia y desesperación a la vez que le levantaba el vestido y le quitaba las bragas. _____ no protestó; ella lo deseaba tanto como él. Cuando Joe se bajó la cremallera y le separó las piernas, no le dijo que estarían más cómodos en la cama porque en ese momento él no buscaba comodidad. Tampoco buscaba lo no convencional; necesitaba la unión y el consuelo y ella estaba más que dispuesta a proporcionárselo.

Apoyó la rodilla en la escalera y la penetró, y cuando enterró la cara en la curva de la garganta femenina, Selene miró a los querubines que flota­ban sobre sus cabezas entre las nubes. Una escena que iba muy bien con el paraíso al que Joe la estaba llevando.

_____ cerró los ojos y dejó que Joe la lle­vara al lugar donde no existía dolor, sólo placer. Como siempre, su cuerpo respondió a sus caricias y su mente se abrió para compartir la satisfacción física además del tormento emocional.

Después de un rato, el cuerpo masculino se ten­só y, tras un largo estremecimiento, Joe susurró:

 

-No me dejes, _____.

 

Ella pensó que se refería sólo a aquella noche, aunque no quería dejarlo nunca.

No podía mover los brazos ni las piernas. No podía hablar ni gritar. No podía apartar los dedos que le rodea­ban la garganta. En cuestión de minutos moriría en ma­nos de un atacante desconocido. Pero cuando vio el des­tello del medallón de oro, se dio cuenta de que no era un desconocido.

_____ se incorporó en la cama de golpe, bus­cando aire y temblando incontrolablemente. Miró el lugar vacío que había dejado Joe en la cama y empezó a plantearse todas las posibilidades. ¿Había entregado su amor a un asesino?

Joe le dijo que era el administrador del di­nero de Chloe. ¿Habría sido capaz de fingir un ac­cidente para quedarse con toda la herencia? _____ se negaba a creer que se había equivocado tan rotundamente con él, pero las inquietantes imá­genes se repetían una y otra vez en su mente mien­tras se vestía a toda prisa con la misma ropa de la noche anterior. Sin embargo, no tuvo tiempo de huir. Joe salió del cuarto de baño llevando só­lo una toalla a la cintura y una sonrisa en los la­bios.

 

-¿Dónde vas? -dijo, apoyando un hombro en la pared y cruzando los brazos.

 

-A vestirme antes de que llegue Ellen -se ex­cusó ella, yendo hacia la puerta.

-Ya ha venido.

 

Eso en parte la alivió, pero cuando Joe fue hacia ella, Selene dio otro paso atrás.

 

-¿Qué pasa, Selene?

-Nada. No quiero que Ellen me vea aquí.

 

Joe rió bajito.

 

-Tendrá que acostumbrarse. Espero que en ade­lante duermas en mi cama.

 

La noche anterior _____ hubiera dado cual­quier cosa por oírle decir eso. Pero ahora no sabía qué pensar.

 

-Hasta luego -dijo.

 

Si es que no se veía obligada a salir corriendo mientras estuviera a tiempo.

Y sin mirarlo corrió al cuarto de baño y cerró la puerta con cerrojo. Cuando volvió a su habitación a vestirse, vio la luz intermitente del buzón de voz en su teléfono. Sus padres habían estado tratando de ponerse en contacto con ella hacía una hora. Se sentó en la cama y marcó el número de su pa­dre.

 

-Hola, papá. Soy _____. ¿Para qué me has lla­mado?

-Hola, hija. Tu hermana ha empezado con las contracciones y me ha dicho que te llame.

 

Quizá fuera lo más oportuno, pensó _____. Era la excusa perfecta para dejar la plantación, aunque era consciente de que no tendría paz hasta que co­nociera toda la verdad sobre Joe.

 

-¿Cuándo nacerá el niño?

-Según tu madre, que por cierto todavía no te habla, la comadrona ha dicho que puede tardar unas horas. Incluso mañana.

-¿Sigue decidida a dar a luz en casa?

-Sí, aunque no entiendo por qué, teniendo los hospitales y los analgésicos que hay en la actuali­dad. ¿Tú sigues en Luisiana?

 

Era evidente que Hannah les había puesto al día sobre su paradero. Mejor, pensó _____. Eso le ahorraba muchas explicaciones.

 

-Sí, sigo aquí -al menos de momento-. Dile a Hannah que buena suerte y que estaré allí en cuanto pueda.

 

En cuanto encontrara algunas de las respuestas que tenían pendientes. La decisión de quedarse en Georgia definitivamente o regresar a Luisiana para estar con Joe dependía de lo que descubriera. Y el mejor sitio para empezar era la mujer que aca­baba de volver a la plantación.

 

-Bienvenida, Ellen.

-Hola, _____ -dijo Ellen desde la mesa de la cocina-. Empezaba a pensar que se había ido, te­niendo en cuenta que son casi las doce y aún no la había visto.

-No, pero tengo que irme un par de días. Mi hermana está a punto de dar a luz y quiero estar con ella. Pero antes necesito su ayuda.

 

Ellen la miró por encima de las gafas y dejó el montón de cartas que estaba ordenando.

 

-Tiene que ver con Joe. Necesito saber qué le pasó a Chloe.

-Ya le dije que no puedo hablar de eso —dijo la mujer, volviendo a los sobres-. Le di mi palabra a Joe.

 

_____ le tocó el brazo para llamar su atención.

 

-Sé que se cayó mientras escalaba y que murió. Me lo contó Joe, pero me preocupa lo que no me está contando. Necesito saber si es respon­sable de su muerte. O si fue un accidente de ver­dad.

-¿Por qué le interesa tanto?

Porque le aprecio -confesó—. Si ha hecho algo horrible, tengo que saberlo.

 

Ellen la estudió en silencio.

 

-Se ha enamorado de él, ¿verdad?

 

Lo mejor sería negarlo, pero _____ estaba se­gura de que no sería capaz de hacerlo.

 

-Quiero creer que fue un accidente, pero sé que hubo algo más.

-Fue un accidente -confirmó Ellen-, pero eso es sólo parte de lo que ocurrió.

 

Sin decir nada más, Ellen sacó una llave de un cajón y la deslizó por la mesa hacia ella.

 

-Es la llave del dormitorio frente al de Joe. Mire en el segundo cajón de la mesita de noche. Allí encontrará las respuestas.

-Gracias -dijo _____ antes de salir corriendo y subir a la primera planta. Cuando vio la puerta de Joe entreabierta, pensó que estaba en su des­pacho. Y rezó para que así fuera.

 

Con manos temblorosas logró por fin abrir la puerta de la misteriosa habitación, esperando un lugar cargado de recuerdos de Chloe. Sin embar­go, no encontró nada más que una estrecha cama de hospital colocada bajo la ventana, la mesita que Ellen mencionó a su lado y, contra la pared al pie de la cama, una silla de ruedas plegada.

Ver la habitación sólo sirvió para despertar más interrogantes, no para darle respuestas.

_____ imagino que Chloe no murió en el ac­cidente, sino que sufrió algún tipo de parálisis. Se acercó a la mesita y abrió el cajón donde en­contró una pila de gruesas hojas de papel. Boce­tos, eran bocetos y dibujos de mariposas y árbo­les, de pájaros alados echando a volar, e incluso el de una niña de rizos morenos corriendo por lo que parecía el césped de la plantación, con la casa al fondo completamente pintada de amari­llo. Pero el dibujo más triste era el de una joven de perfil, sentada en una silla de ruedas con la cara entre las manos: el trágico retrato de Chloe después del accidente. Y debajo una nota que decía:

 

Querido Adrien:

Odio haberme convertido en una carga para ti y pa­ra Ellen, pero odio todavía más tener que dejaros. Por fa­vor, no me obligues a hacerlo. No soy tan fuerte.

Perdóname.

Chloe

 

Más interrogantes. ¿Qué quiso obligarle a ha­cer Joe? ¿Y por qué ella le pedía perdón? ¿In­tentó convencerla de que la única salida era la muerte y ella se negó? ¿Había decidido quitarle la vida, para librarla de la terrible vida que llevaba y a sí mismo de la carga que suponía cuidarla?

_____ necesitaba más pistas, y abrió el primer cajón de la mesita sin soltar los dibujos. Allí en­contró todo tipo de medicamentos, entre ellos je­ringuillas y viales, pero hubo una cosa que le lla­mó la atención. Una fotografía de Chloe y Joe vestidos con ropa de invierno rodeados de monta­ñas nevadas, con las cabezas pegadas y sonriendo enérgicamente. Una cosa no se podía negar, los dos se habían querido mucho. Sin embargo, algo sucedió...

 

-¿Qué demonios estás haciendo aquí, _____?

hasta aqui el cap. No me manten, jajajj, no pasen sin comentar, les sigue la nove pronto, bay besos ♥♥

 

La casa de las fantasias cap 17

 

A la mañana siguiente, después de pasar la noche sola y sin poder dormir, _____  decidió volver a la habitación de los niños. Durante un rato, sujetó la cu­na; estaba tan vacía cómo ella se sentía. Su instinto le decían que se fuera, que dejara a Joe y abando­nara la plantación para siempre, pero algo la obliga­ba a seguir allí. Una fuerza desconocida, o el destino. O quizá fuera la esperanza de que Adríen llegara a corresponder el amor que sentía por él algún día.


-¿Pensando en el futuro, _____?


_____ se volvió y lo vio apoyado en el pomo de la puerta, con la camisa blanca y los pantalones negros de siempre, como si acabara de salir de una reunión de negocios.


-Estaba pensando que esta habitación sería un buen cuarto de estar. Podría ser más moderno que el resto de la casa, con todas las comodidades tec­nológicas.


Él continuó observándola en silencio hasta que dijo:


-Perdona.


_____ no lo esperaba.


-Perdonado -dijo.


Joe se frotó la nuca y se quedó mirando el suelo, una actitud impropia de él.


-Esta noche quiero invitarte a cenar. Una cena de verdad que tú no tienes que preparar.


¿Una cita? Seguramente era mucho pedir, pero de todos modos preguntó:


-¿Vamos a cenar fuera?

-No, nos la traerán aquí.


_____ suspiró, decepcionada.


-No te vendría mal salir de casa de vez en cuan­do.


El hundió las manos en los bolsillos.


-Tengo mis razones para no querer salir hoy.


_____ sospechaba que debía estar relacionado con sus planes para la sobremesa, pero antes de volver a acostarse con él quería respuestas.


-¿A qué hora? -dijo, caminando hacia él, aun­que manteniéndose a distancia.

-A las siete.

-Bien. Entonces hasta luego.


Cuando pasó a su lado para salir, él le tomó la mano y la rodeó con los brazos. _____ esperaba un beso, pero sólo la abrazó con fuerza durante un largo momento, con las palmas apretadas en su es­palda y las mejillas pegadas. Cuando él la besó en la frente, _____  preguntó:


-¿Por qué has hecho eso?

-Por ser tú -dijo él con una calidez en la mira­da que _____ no había visto hasta entonces, como si la fortaleza emocional se hubiera desvanecido, al menos de momento-. Tu respeto significa mu­cho, _____. Más de lo que te imaginas.


Pero ella no necesitaba imaginárselo. Su intui­ción le decía que él sentía algo por ella, y que po­día llegar a amarla en el futuro. Aunque no antes de superar el dolor de su trágico pasado.

Y cuando él la soltó y se alejó, _____ entendió que se estaban acercando rápidamente al punto de no retorno. Si no lograba que él se sincerara con ella aquella noche, ella tendría que decidir  entre seguir luchando o aceptar la derrota. Acep­tar que no era la mujer destinada a estar con él el resto de su vida.

Con un vestido de satén negro que había com­prado aquel mismo día y el pelo recogido en un moño, _____ bajó la escalinata central de la casa y se dirigió al comedor. Allí se detuvo en seco al ver a un desconocido alto y desgarbado enfunda­do en un esmoquin negro en la puerta.


-Buenas noches, señorita -dijo el hombre ca­noso con inesperada amabilidad-. Soy Renaldo, su camarero. Por aquí.


Perpleja, _____ se colgó del brazo que él ofrecía y permitió que la llevara hasta el comedor. Cuando entró, encontró a Joe de pie junto a la mesa con un esmoquin de seda negro y una camisa blanca. Enseguida vio que los cubiertos estaban colocados uno junto a otro, no en los extremos opuestos de la mesa. El camarero le apartó la silla para que se sen­tara y después le coloco una servilleta de papel rosa en el regazo.

Cuando el hombre desapareció en la cocina y Joe se sentó a su lado, _____ preguntó:


-¿De dónde ha salido?

-De Atlanta. Viene con el chef de Chez Gastón. Pensé que echarías de menos tu ciudad.

-Conozco bien el restaurante, pero no puedo creer que hayan venido hasta aquí en coche un viernes por la tarde.

-Han venido en avión privado.


Increíble.


-Ha debido de costar mucho dinero. No me hu­biera importado tomar una de las cenas que nos dejó Ellen.

-¿Tienes algo en contra de una cena exquisita?


No, pero Selene tenía una especie de aversión al dinero, y estaba empezando a ver que la fortu­na de Joe estaba muy por encima de lo que ha­bía imaginado. Algo que había conocido de siem­pre, y que era un aspecto de su pasado que trataba de evitar.

 

-Perdona, no quería ser desagradecida. Estoy segura de que estará deliciosa.

 

Joe le estaba mirando con descaro a los se­nos que se adivinaban bajo el escote.


-Más delicioso será lo que tengo planeado des­pués -dijo él, apoyándole la palma de la mano en la rodilla.


«¿Nunca reservó un comedor privado en un res­taurante y te acarició por debajo de la mesa hasta hacerte desearlo allí mismo?».

_____ recordó sus palabras y sintió una oleada de calor por todo el cuerpo. A ese paso, no iba a poder mantener su decisión de evitar una mayor intimidad entre ellos hasta que lograra obtener al­gunas respuestas.

Pero a medida que Renaldo iba sirviendo los platos, la mano de Joe se deslizaba unos centí­metros más arriba por el muslo y a ella se le acele­raba el pulso. Para cuando llegó el segundo plato, estaba segura de que no sería capaz de tragar otro bocado a pesar de que su acompañante no había hecho nada más cuestionable que acariciarle el in­terior de la pierna con el pulgar.

Joe, por su parte, comió toda la cena, inclui­dos los crepés de fresas que ella rechazó. Aunque _____ sí aceptó una segunda copa de vino.

Cuando el camarero termino de retirar el últi­mo plato y se perdió en la cocina, Joe se incli­nó hacia ella y susurró:


-No se da cuenta de nada. Si te...


_____ le sujetó la mano antes de que ésta al­canzara su objetivo.


-Pero no es ciego, y si haces lo que me temo, te aseguro que se dará cuenta.


Joe le tomó la mano y se la llevó a los labios.


-Sólo quería saber si llevas algo debajo del ves­tido.

-Sí.


Unos centímetros de encaje negro.

En ese momento entró el camarero con un hom­bre que se presentó como Chef Stephan Aucoin, un corpulento caballero con aspecto de comerse casi toda la comida que preparaba.

Adrien se puso en pie.


-Caballeros, como siempre, han hecho un ex­celente trabajo.


El chef hizo una ligera inclinación hacia delan­te.


-Ha sido un placer, señor Morrell -miró a _____-. Señorita Winston, apenas ha tocado la co­mida. ¿No ha sido de su agrado?

-No come mucho cuando está caliente -dijo Joe.

-Las temperaturas son muy altas -se apresuró a añadir ella.


Si hubiera alcanzado la pierna de Joe, le ha­bría dado una patada.


-Entonces tendremos que volver cuando hayan bajado -observó Renaldo sin inmutarse.


Ellos no sabían que seguramente para entonces ella ya no estaría allí, pensó Selene.

Joe echó una ojeada al reloj y rodeó la mesa.


-El coche les espera para llevarlos al aeropuer­to —sacó un sobre del bolsillo interior de la cha­queta y lo entregó al chef-. Les acompañaré.


Cuando Joe salió con los dos hombres del comedor, _____ se dejó caer en la silla y se abani­có la cara, incapaz de creer que había llegado al fi­nal de la velada sin desmayarse. Unos momentos después, Joe regresó con las manos en los bol­sillos y la miró con ojos seductores.


-¿No come mucho cuando está caliente? ¡No puedo creer que hayas podido decir eso!


Él tuvo el valor de sonreír.


-Estás caliente, ¿verdad?


Lo estaba, sí, y él lo sabía perfectamente.


-Ahora me estoy enfriando.


Joe fue hacia ella y la rodeó con los brazos. Después le levantó el vestido por detrás y le acari­ció las nalgas.


-No sabes las ganas que tengo de quitártelas.


_____ se zafó de sus brazos y dio un paso atrás.


-Primero tenemos que hablar.

-¿De qué?

-De nuestros secretos. Los tuyos y los míos.

-Todo el mundo tiene derecho a tener secre­tos, _____. No necesito tus revelaciones.


Cruzando los brazos, _____ caminó hasta el la­do opuesto del comedor, poniendo la mesa entre ellos para mayor seguridad.


-Pues te voy a hacer una, y me vas a escuchar.


Joe apartó una silla y se dejó caer en ella.


-Adelante y confiesa si eso te hace sentir mejor, pero no esperes lo mismo de mí -dijo él con fin­gida indiferencia.


Pero ella lo esperaba, sobre todo cuando le di­jera lo que debía haberle dicho antes. _____ res­piró profundamente y permaneció de pie, con las manos apoyadas en el respaldo de una silla.


-Cuando era niña, aprendí que tenía la extraña capacidad de leer los pensamientos de otras personas. También aprendí que saber lo que la gente pensaba de ti no siempre era bueno y me enseñé a bloquearlo.


Hizo una pausa esperando alguna reacción, pe­ro Adrien continuó mirándola con escepticismo.


-Cuando mi marido empezó a volver tarde a casa con la excusa del trabajo, decidí utilizar el «don» por primera vez en años. Imagina mi sor­presa cuando descubrí que cuando estaba en la ca­ma conmigo tenía fantasías con una amiga común. Se lo dije, y reconoció tener un lío con ella. Fin de la historia y fin del matrimonio.


Joe se movió ligeramente a la silla.


-Ya te lo he dicho, no creo en esas cosas.

 

En otras palabras, no la creía, pero lo haría.

 

-En cuanto pisé esta casa, empecé a ver tus pen­samientos. Yo no los busqué, pero eran demasiado fuertes para bloquearlos.


Joe aparto la silla de la mesa y se levantó.


-¡Esto es ridículo! -exclamó.

-¿Tú crees? -_____ apretó el respaldo de la si­lla con fuerza-. Cuando salí a la terraza la prime­ra noche que hicimos el amor, sabía que era una fantasía tuya porque la vi unas noches antes.

-¿A dónde quieres ir a parar? -preguntó él.

-También he visto otras imágenes -dijo ella, ro­deando la mesa y yendo hacia él, quedando a sólo un metro de distancia-. De una mujer llamada Chloe. De hecho tú fuiste quien me dijo su nombre sin sa­berlo.

 

hoola mis amores, hasta aqui el cap. Ya casi se aserca el fiin. Resen para q no aprueven la ley SOPA. no pasen sin comentar la seguire muy pronto bay besos ♥♥

 

La casa de las fantasias cap 16

 

-Maison du Soleil. Casa del Sol -dijo, volviéndo­se hacia delante y arrancando una flor del suelo-. Cuando terminemos la restauración, hay que cam­biar el nombre a la casa y devolverle su nombre anterior.

-¿Anterior a cuándo?

-A la muerte de Grace. Quizá podamos pre­guntar a Zeke. Jeb Gutherie me dijo que su abue­la solía hablar con él después de muerto.

 

Sus palabras provocaron una agria mirada de Joe.

 

-No creo que nadie se pueda comunicar con los muertos -afirmó-. No creo en fantasmas, ni en vudús ni en videncias.

 

Por supuesto que no, pensó _____. Era un hom­bre de negocios, pragmático hasta la médula. Y probablemente todavía no estaba preparado para aceptar su «don».

 

-¿Y no crees que hay cosas que no se pueden explicar?

-No -dijo él, como si sus palabras le hubieran ofendido.

-¿Y el destino?

-Cada uno crea su propio destino y es respon­sable de sus actos y decisiones. Es ahí -dijo, seña­lando la hilera de pacanas que bordeaban la pra­dera.

 

_____ aceleró el paso al ver la plataforma de madera apoyada entre dos gruesas ramas. No po­día creer que la cabaña hubiera sobrevivido tanto tiempo y sin saber por qué le entraron unas ganas inexplicables de trepar a ella. Apenas había pues­to un pie en una de las ramas más bajas cuando Joe le gritó:

 

-No subas, _____.

-Claro que voy a subir -respondió ella-. Cuan­do era pequeña no me dejaban subir a los árboles -dijo, trepando a la rama superior.

-Baja -repitió él, serio.

 

Con un pie en la plataforma de madera, lista para dar el último paso, _____ lo miró por enci­ma del hombro.

 

-¿Por qué? Parece bastante sólida.

-Las apariencias engañan -dijo él, mirándola con dureza junto al árbol-. Podrías caerte y rom­perte algo.

-Sólo voy a probar con el pie -dijo. Pero una mano le sujetó con fuerza el tobillo.

-He dicho que bajes -le ordenó él. Aunque sonaba furioso, _____ percibió autén­tico pánico en su voz.

-Si tanto te preocupa, de acuerdo.

 

Empezó a bajar, pero resbaló y cayó. Por fortu­na, antes de llegar al suelo, Joe estaba allí para recogerla. Inmediatamente la dejó en el suelo y se alejó de ella.

 

-Te he dicho que no lo hicieras.

-No estaba tan alta -protestó ella-. De haber­me caído, lo único que me hubiera dolido sería el orgullo.

-O podías haberte partido el cuello -masculló él.

 

Joe dio media vuelta y echó a andar hacia la casa. _____, tratando de seguirlo, no podía enten­der por qué estaba tan furioso.

 

-¿Por qué te has puesto así? Tú, que te has tira­do en paracaídas y te has lanzado desde un acanti­lado, por favor.

-Eso fue hace mucho tiempo y son riesgos in­necesarios. Me lo enseñó la vida -dijo él sin dejar de caminar a grandes zancadas.

_____ corrió y se detuvo delante de él, alzan­do las manos para obligarlo a detenerse.

-No me dejes atrás. Explícame a qué ha venido todo esto.

-Es por tu seguridad.

 

Una serie de imágenes fugaces se filtró en la mente de _____: una joven sonriente, y esa mis­ma joven desplomándose por el aire con ojos ate­rrorizados antes de que todo se volviera negro.

Joe rodeó a _____y continuó andando.

 

-¿Tiene algo que ver con Chloe? -dijo ella.

 

Él se volvió furioso hacia ella, con una mirada que por primera vez le dio miedo de verdad.

 

-¿Has estado hablando con Ellen?

-No, pero sé que Chloe existió. Sé que es alguien a quien amabas con todas tus fuerzas.

 

Joe apretó los puños a los lados.

 

-No sabes nada de mí. Y es mejor que no lo se­pas.

 

Con eso, continuó su camino hacia la casa y es­ta vez _____ no lo detuvo. Todavía sin entender el misterio, sabía que Chloe fue una parte importante de su vida, y ahora también sabía que le había sucedido algo terrible, probablemente la causa de los remordimientos que estaban comiendo vivo a Joe.

Joe no sabía cómo _____ supo de la exis­tencia de Chloe, pero era consciente de que esta­ba acercándose cada vez más a la verdad.

Dominado por la rabia, limpió su escritorio de un manotazo y empezó a pasear por el despacho como un animal enjaulado.

Había creído erróneamente que si pasaba más tiempo con ella descubriría algo que no le gustara y así podría alejarse de ella sin volver la vista atrás. Pero en lugar de eso había caído víctima de sus propias maquinaciones. En vez de desear olvidar­la, estaba consumido por ella.

También sabía que _____ no merecía el casti­go de su ira. _____ merecía un hombre entero, un hombre sin un pasado de errores irreparables, un hombre capaz de amarla cómo ella merecía.

Cuando estaba con ella, a veces pensaba que él podía ser ese hombre, hasta que aquella tarde los recuerdos volvieron a cobrar vida, haciéndole ver que era imposible.

Sólo veía una manera de asegurarse su recha­zo: decirle la verdad. Aunque sólo lo utilizaría co­mo último recurso.

Entretanto, pasaría una última noche fingien­do ser el hombre que ella creía, antes de regresar definitivamente a su infierno particular.

hoolas aqui esta el cap, no pasen sin comentar, la seguire muy pronto bay besos ♥♥


 

La casa de las fantasias cap 15

_____ notó su presencia en el rellano de la pri­mera planta justo antes de levantar la cabeza, y su­bió las escaleras con el pulso acelerado. No lo ha­bía visto desde que apareció en su cama la noche anterior, pero no había dejado de pensar en él y en la conversación que habían tenido antes de ha­cer el amor por segunda vez.


-Iba a buscarte -dijo ella, antes de llegar al re­llano-. Pensé que te gustaría saber que el contra­tista empezará con los trabajos el lunes que viene, primero con la parte exterior...

-¿Qué tienes planeado para los próximos dos días?


Por lo visto no estaba de humor para hablar de las obras. Y a juzgar por el brillo en sus ojos, tam­poco parecía con muchas ganas de hablar.


-No tengo nada ni para mañana ni para el miér­coles. El jueves tengo una reunión con la mujer que se ocupará de restaurar los muebles.

-Bien -dijo él, apoyándose en la barandilla-. Quiero que hagas una cosa.

-¿Que es?

-Quiero que pases las próximas cuarenta y ocho horas conmigo, a partir de ahora. Sin teléfonos, sin citas, sin interrupciones. Necesito toda tu aten­ción.

-¿Qué vamos a hacer?


Como si tuviera que preguntarlo. Ya estaba vien­do el preestreno de los próximos dos días en la men­te masculina.


-Ya lo sabes -dijo él-. Y nos quedaremos en mi habitación; hace mas fresco.Por si acaso te acaloras demasiado.


_____ daba por hecho lo de de acalorarse, sobre todo si el pensaba tenerla cautiva dos días enteros


-¿No temes que nos hartemos el uno del otro?

-Te prometo que eso no ocurrirá .


Sin embargo, _____ temía que una situación tan intensa significara un peligro para sus emociones.

Para evitar posibles interrupciones, decidió ha­cer una llamada antes de reunirse con él


-Primero tengo que llamar a mi madre

-¿Para pedirle permiso? -preguntó él, burlón

-Para decirle que estoy bien


Era una llamada que había estado posponien­do desde que dejó su casa.


-No tardes -dijo él, incorporándose.


Sutilmentese rozó la entrepierna con la mano, y _____se fijo en la prominente cresta bajo los pantalones y tragó saliva.


-Puede esperar.

-¿Estás segura?

-Totalmente.


Después de todo su madre tampoco se había molestado en llamarla. En ese momento tenía me­jores cosas que hacer, más en concreto estar en brazos de Joe en su mundo y en su mente

_____ tomo la mano que él le ofrecía sin du­darlo, mas dispuesta que nunca a seguirlo al fin del mundo. Lo unico que deseaba era que cuando terminara su tiempo juntos no estuviera tan per­dida como para no encontrar el camino de vuelta Sin hablar, Joe la llevó a su dormitorio que había transformado en una sensual guarida. Ha­bía velas encendidas que iluminaban tenuemente con un tono dorado la habitación a oscuras. No había música, pero por las ventanas abiertas llega­ba la sinfonía compuesta por los sonidos de la na­turaleza en las marismas cercanas.

Joe la sentó sobre unos cojines en el suelo y le quitó los zapatos. Después hizo lo mismo con los suyos. En la mesa había un palo de incienso en­cendido, que despedía una exótica fragancia.


-Huele bien -comentó ella. Él le apartó el pelo de la cara y le estudió la ca­ra.

-Es una mezcla especial que descubrí en mis viajes. Dicen que tiene un efecto favorable para el amor.

-Quieres decir que es un afrodisíaco.

-Quiero considerarlo un elemento de realce en una situación favorable de por sí.


____ lo necesitaba ningún realce; ya estaba sintiendo los efectos de su sonrisa y el destello de pasión en sus ojos.


-Sólo hay una regla -dijo él mientras le desa­brochaba la blusa-. Nada de hablar del pasado.


Mientras estemos en esta habitación, el pasado no existe. Aparte de eso, no hay más reglas.


A ____ no le interesaba el pasado, sólo el pre­sente, y más cuando él le quitó la blusa. Después, con movimientos lentos, Joe hizo lo mismo con su camisa, y _____ vio que no llevaba el medallón, lo que sólo podía significar que estaba dispuesto a renunciar a su voluntad al menos durante la breve tregua de cuarenta y ocho horas.

Dejando los pantalones en su sitio, la tendió so­bre los cojines, deslizó un brazo bajo su espalda y la acurrucó contra él. Trazó dibujos al azar en la piel sedosa mientras la llevaba a través de sus via­jes y los lugares exóticos que había visitado.

A mitad de la narración de sus viajes en Méxi­co, _____ empezó a sentir un extraño cosquilleo en el pecho, que fue descendiendo por su cuerpo. En respuesta, un gemido subió a su garganta y es­capó por su boca sin que pudiera detenerlo.

Joe se interrumpió y la miró.


-¿Lo sientes?


_____ dudaba que fuera por causa del incien­so. Era Adrien, simple y llanamente, un hombre tan potente como cualquier opiáceo.

Joe le ladeó la cabeza y le acarició el labio con la lengua.


-Estoy ardiendo sólo de pensar en lo que te voy a hacer.


Se sentó y le quitó los pantalones y las bragas. Después de una ligera vacilación hizo lo mismo con el resto de su ropa y quedó completamente desnudo sobre ella.

Se arrodilló junto a ella y se inclinó para besar­la por todo el cuerpo.


-Dime qué te gusta -le dijo mientras le separa­ba los labios con el dedo-. ¿Aquí?

-Sí, ahí -logró jadear ella cuando rozó el pun­to más sensible.


Joe le alentó a expresar verbalmente sus de­seos y usó las dos manos y la boca para llevarla al clímax más abrasador. Cuando le llegó a ella el turno de explorarlo, Joe habló en términos ex­plícitos de lo que le gustaba y de lo que le enlo­quecía. Y sin dudarlo, ella satisfizo todas sus nece­sidades y deseos con total entrega y entusiasmo.

Cuando Joe entró en su cuerpo, _____ se sentía como si hubiera viajado a otra dimensión donde sólo existían ellos dos. Al sentir que él la alzaba por las caderas y la penetraba más profunda­mente, _____ estalló en un segundo orgasmo más virulento que el primero y que pareció durar unos momentos interminables. Poco después, Joe dejó escapar un gruñido primitivo y quedó rígido en sus brazos. Se desplomó sobre ella, jadean­do, mientras ella le acariciaba ligeramente la es­palda, la cintura y las nalgas con las puntas de los dedos.


-Estoy hecho polvo -murmuró él, cuando ella ya creía que se había quedado dormido.


A _____todavía le quedaba mucha energía y mucha pasión. Le enmarcó la cara con las manos, le alzó la cabeza y lo obligó a mirarla a los ojos.


-Por favor, no me digas que hemos terminado por hoy.

-He dicho que estoy hecho polvo, no muerto. Creo que no tardaré en recuperarme -añadió con un guiño.


Joe no se equivocaba y aquella noche vol­vieron a hacer el amor dos veces más. Poco antes del alba se durmieron abrazados y cuando _____ despertó a la mañana siguiente encontró a Joe contemplándola.

 

-Buenos días -dijo ella, estirando los brazos por encima de la cabeza-. ¿Qué hora es?

-¿Importa mucho?


Probablemente no. Después de todo, no tenía nada mejor que hacer que estar en sus brazos.


-Estoy acostumbrada a levantarme pronto.

-Yo ya estoy levantado.


_____ bajó la mirada y comprobó que tenía ra­zón.


-Hay tres cosas que nunca fallan. La muerte, los impuestos y la erección matinal de un hombre.

 

Joe se echó a reír.

 

-Vaya, caballero, no me había dado cuenta de que tenías sentido del humor -dijo ella.

-Y yo no me había dado cuenta de todos tus en­cantos -dijo él, tirando de ella hacia él.

-¿Quieres que los use contigo una vez más?

-¿De verdad lo tienes que preguntar?


La verdad era que no.

En las horas siguientes, el tiempo pareció sus­pendido mientras Adrien la mantenía cautiva en una neblina intensamente erótica. A las doce, la sa­có a la terraza y la pegó contra la pared, donde cual­quiera hubiera podido verlos. _____ nunca se ha­bía sentido tan liberada ni había pensado que ries­gos como aquél pudieran resultar tan excitantes. Pe­ro Joe lo sabía, igual que sabía exactamente có­mo y cuándo llevarla a la cima del placer mientras estaba metido profundamente en su cuerpo.

Aunque sólo salieron de la habitación para lo más necesario, no pasaron todo el tiempo hacien­do el amor. Joe parecía más relajado mientras hablaban de muchas cosas, como sus escritores su­reños favoritos y su falta de interés por la política. Cuando ella le preguntó por sus padres, él se li­mitó a comentar que no estaban en su vida, por lo que _____ no se atrevió a indagar más. Respetan­do la norma de no hablar del pasado, él no men­cionó a su ex marido y ella no le preguntó sobre la mujer que hubo en su pasado. Pero cuando ella le contó la desafortunada historia de los amantes de Maison du Soleil, la tristeza por la muerte de Grace y la desesperación de Zeke que lo llevó a la bebida y consecuentemente a la muerte, _____ supo que Joe se sintió en parte identificado.

En varios momentos pensó en hablarle de sus ca­pacidades telepáticas, pero temió no ser compren­dida y prefirió dejarlo para otro momento.

Al atardecer, Joe insistió en que probara su whisky de ochenta años, y cuando ella bebió un sorbo y arrugó la nariz, él se echó a reír. Cenaron en la cama y se ducharon juntos en el baño de Joe, donde él le hizo el amor una vez más. Fue una experiencia que _____ no olvidaría jamás.

Cuando llegaron al final de aquella breve escapa­da de la realidad, Selene había hecho cosas que ja­más había imaginado; había hablado de temas que con cualquier otra persona eran tabú, y se había ena­morado perdidamente de Joe. Sentía que esta­ban unidos no sólo por sus mentes, sino también por sus almas, y sin embargo no llegaba entender por completo la fuente de su dolor, a pesar de que en los últimos dos días parecía haberlo olvidado.

Pero cuando despertó en mitad de la última noche y lo encontró con la mirada perdida junto a la ventana, se dio cuenta que había sido sólo una tregua temporal. _____ hizo lo único que podía hacer: pedirle que le hiciera el amor una última vez, cosa que él hizo con infinita ternura.

Y cuando se durmió una vez más en sus brazos, _____ aceptó que él siempre ocuparía un lugar es­pecial en su corazón, y que queriendo o no, Joe había conquistado su amor para siempre.

El jueves por la mañana _____ se despertó y Joe no estaba. Se sintió perdida, como si hu­biera perdido a un amigo de toda la vida y a un maravilloso amante a la vez. Se regañó mental­mente por hacer precisamente lo que había jura­do no hacer: enamorarse de él. Pero no sabía có­mo atajar los sentimientos que seguían subiendo a la superficie ni cómo dejar de pensar en él aun­que sólo fueran unos minutos, a pesar de que no lo había visto desde la noche anterior. Desafortu­nadamente, no le quedaba otro remedio que vol­ver al mundo real.

Después de reunirse con la restauradora a las doce y media, tomó unas cuantas muestras de teji­do y las usó como excusa para ir a verlo. Fue a su despacho, que tenía la puerta entreabierta, y aso­mó la cabeza.


-¡He dicho que lo haga, maldita sea! ¡Para eso le pago! -estaba diciendo él al teléfono.


Después de dejar el teléfono inalámbrico con un golpe seco en la mesa, Joe levantó la cabe­za. _____ estaba retirándose discretamente cuan­do él la vio.


-Creo que te pillo en mal momento -dijo ella-. Volveré mas tarde.


Joe se pasó una mano por el pelo antes de sujetar ambos brazos del sillón con las manos.


-No tienes que irte. Me vendrá bien distraerme un poco.


_____ entró y le enseñó las muestras.


-Para el salón principal de abajo, ¿prefieres el milrayas rojas y doradas o el brocado verde?


Joe se frotó la barbilla, se sentó en el sillón y sonrió.


-Quítate la ropa y envuélvete en la tela y te lo diré.

-Hablo en serio -dijo ella, tratando de ignorar el estremecimiento que sintió.

-Elígelo tú. Seguro que tienes mejor ojo para los colores que yo.

-De acuerdo. O puedo consultarlo con Ellen cuando vuelva.

-Estará aquí el sábado -le informó Joe-. Le dije que se quedara otra semana más, pero dice que ya ha estado demasiado


Aunque _____ tenía ganas de ver a Ellen, no pudo evitar sentir su regreso, un regreso que pon­dría fin al tiempo que habían pasado solos en la casa.


-Tengo ganas de verla -dijo, no muy convin­cente.

-Yo no -dijo él, poniéndose en pie y apoyando las manos en la mesa-. Pensaba hacerte el amor en todas las habitaciones de la casa. Claro que siem­pre podemos hacerlo en los próximos dos días.

-Ya veremos, pero ahora quiero pedirte un fa­vor.

-Súbete a mi mesa y me ocuparé de todo. _____ sabía exactamente cómo pensaba hacer­lo.

-No es nada de sexo. Quiero que me acompa­ñes a ver si sigue existiendo la cabaña del árbol de la que me habló el señor Gutherie.

-Sigue en su sitio -dijo él, con un destello en los ojos de profunda tristeza que _____ no logró comprender.


_____ deseaba desesperadamente preguntarle por qué estaba tan triste, pero en lugar de hacer­lo directamente decidió dar un rodeo.


-Antes de que se me olvide, tienes que decirme qué debo hacer con la habitación de invitados que hay frente a tu dormitorio.


Ahora Joe la miró irritado.


-Quiero que se quede como está.

-¿Por cuánto tiempo?

-Hasta que yo diga lo contrario. ¿Queda claro?

 

Joe acababa de confirmar sus sospechas de que la clave de su dolor estaba en aquella habita­ción. Pero ¿se arriesgaría a tratar de averiguarlo? Quizá tras el regreso de Ellen, pero ahora tenía que relajar el ambiente.

 

-Totalmente claro, señor. Puede que sea insa­ciable, pero desde luego no soy sorda. Ni tampoco tonta -afirmó.


_____ se dio cuenta de que él no quería olvidar su enfado, pero al final perdió la batalla y sonrió.


-No, desde luego tonta no eres.

-Ahora que mi inteligencia no está en entredi­cho, me iré y te dejaré seguir trabajando. Nos ve­mos en el porche a las seis, si te parece bien.


Con Joe a su lado, Selene caminaba de es­paldas por el prado, contemplando la mansión ba­ñada en la luz del atardecer que se alzaba a lo le­jos, tratando de visualizar cómo quedaría cuando pintaran las columnas negras de blanco.


hasta aqui el cap y no pasen sin comentar bay besos ♥♥

La casa de las fantasias cap 14

 

-¿A qué debo este placer? -preguntó ella.

-No sabía que estabas despierta.

-Digamos que no estoy acostumbrada a que un hombre se meta en mi cama sin avisar.

-Quieres que me vaya?

-No he dicho eso.

-Me alegro, porque no pienso irme. Aún no -le dijo, apretándola contra él, aunque manteniendo la parte inferior del cuerpo alejada de ella.

 

_____ hundió los dedos entre los cabellos se­dosos, y él le frotó suavemente la espalda.

 

-Pero sabes que me iré.

 

Ella lo besó en el cuello.

 

-Lo sé. Prefieres dormir en tu cama.

-Quería decir que dejaré la plantación. Cuando terminen los trabajos de restauración la venderé.

 

_____ pensó que eso le daba un buen motivo para no acelerar las obras, y una razón para no lanzarse de cabeza a una relación con él. También le hizo un nudo en el estómago.

 

-¿Dónde irás?

-No lo sé, algún lugar donde los inviernos sean cálidos. Quizá una isla.

 

Probablemente una isla desierta, pensó _____.

Joe deslizó el muslo entre sus piernas, de­jándole sentir su erección con toda  claridad, y ex­citándola a su vez.

 

-Entretanto, quiero ser tu amante hasta que te vayas.

 

Le acarició el pecho delicadamente, arrancan­do un suspiro de la garganta femenina.

 

-¿Y Ellen?

-Tres son multitud.

 

_____ se echó a reír, aunque lo que deseaba era gemir de placer.

 

-Me refiero a qué dirá cuando nos vea juntos.

 

Él le acarició el vientre plano con los nudillos.

 

-Seremos discretos, pero creo que ya tiene sus sospechas.

-¿Por qué lo dices?

-Me conoce demasiado bien. Sabe que te he deseado desde el día que entraste por la puerta, aunque al principio quería que te fueras -dijo él, acariciándole el muslo.

-¿Y qué quieres ahora, Joe?

 

Quizá no era el momento más oportuno para hacer la pregunta dadas las caricias de Joe. _____ temió no tener la respuesta que buscaba.

 

-¿No es obvio? Quiero estar otra vez dentro de ti -dijo, acariciándola sin piedad.

 

La volvió de espaldas y la arrimó contra su cuer­po. Después volvió a acariciarla con la mano entre las piernas.

 

-Sin expectativas.

-Sin expectativas -murmuró ella. El le levantó la pierna y se la colocó sobre la ca­dera.

-Pero de lo que puedes estar segura es de que siempre te haré sentir... -la penetró sin dificultad-, muy bien.

 

Esta vez la unión fue como un baile lento y sen­sual, al menos al principio, hasta que la pasión se apoderó de sus cuerpos y acabaron saciados y ja­deando, empapados en sudor.

Guando recobraron el aliento, Joe le echó la cabeza hacia atrás y la besó. Fue un beso tierno y pausado, profundo y cargado de significado, pe­ro _____ se dijo que debía mantener los pies en el suelo y estar alerta. Porque mientras él conti­nuara en su vida, ella aceptaría el regalo de placer que él le ofrecía, pero siendo consciente en todo momento de la realidad de la situación.

Cuando los primeros rayos de luz se colaron por la ventana, Joe supo que debía marcharse, pero esta vez no pudo. No podía dejar de contemplar a Selene, dormida a su lado, y no pudo resistirse a ad­mirar su cuerpo una vez más. Después se iría.

Con cuidado de no despertarla, retiró la sába­na hasta las piernas y estudió los pezones rosados antes de deslizar la vista hasta el suave vello rubio bajo el vientre, y se endureció como una roca.

Selene se había colado en sus venas como un agradable veneno y necesitaba librarse de su po­der. La experiencia le había enseñado cómo ha­cerlo. Ahora sólo tenía que convencerla para que picara el anzuelo.

Empezaría aquella misma noche.

 

La casa de las fantasias cap 13

 

-Señorita _____, he pasado mi vida como an­tropólogo cultural viajando por todo el mundo. He visto cosas que no se pueden explicar, cosas aterra­doras, y otras maravillosas. También supe lo cruel que puede ser la gente cuando aprendí el signifi­cado de palabras como «bastardo» y «negro», pero también aprendí que lo que nos hace diferentes también nos hace únicos, y debemos sentirnos or­gullosos de esas diferencias.

 

_____ bajó la mirada a sus manos unidas.


Pero es difícil ser diferente - dijo en voz baja.


El anciano le alzó la barbilla con un dedo.


-Algún día encontrará a alguien que la entien­da y la acepte. Un hombre, creo. Si no lo ha en­contrado ya.


Tisha asomó la cabeza por la puerta, y dijo:


-Es la hora de comer, señor Gutherie.


_____ se levantó.


-En cuanto la plantación esté restaurada, me encantará invitarlo a pasar un par de días sí quie­re. Será un placer venir a recogerlo.

-No tarde mucho -dijo el hombre-. No sea que para entonces me encuentre a dos metros bajo tie­rra.

-Me temo que aún le queda una larga tempo­rada entre nosotros -rió ella.


Una vez más el hombre se puso serio.


-Señorita _____, he enterrado a dos esposas y a dos hijos. Estoy preparado para irme cuando el señor me llame a su lado. Pero volver a ver la Ca­sa del Sol me daría una razón para quedarme un poco más por aquí, así que le diré a San Pedro que tendrá que esperar hasta entonces.


Sintiendo un inexplicable afecto por aquel hom­bre tan sorprendente, _____ le dio un abrazo.


-Hágalo, por favor -dijo, y fue hacia la puerta.

-Una cosa más, señorita _____. La vida pasa muy de prisa. Cuando te das cuenta, has visto pa­sar cien años por delante de tu puerta. Por eso es mejor no ignorar el destino.

-Lo recordaré -dijo _____, y salió con una son­risa en los labios.

No lo ignoraría, aunque no tenía idea de cuál era su destino.


¨¨o¨¨


-¿Dónde has estado?


_____dejó las bolsas en la encimera de la coci­na, sorprendida al ver que Joe había salido de su despacho y bajado a la cocina a recibirla. Desde la puerta, él la miraba con gesto entre preocupado e irritado.


-Tenía algunas cosas que hacer - dijo ella, va­ciando las bolsas.

-Tenías que haberme dicho que te ibas.


_____ metió dos paquetes de yogures y un zu­mo de naranja en la nevera y cerró la puerta em­pujando suavemente con el trasero.


-Me dijiste que no necesitaba tu permiso para dejar la casa.


Joe miró al reloj.


-Son casi las nueve.

-No sabía que tuviera toque de queda.

-Para haber pasado el día de compras, no has comprado mucho -observó él sin responder a su comentario, mirando las dos bolsas de la encimera.

-No sólo he ido de compras. He ido a ver al an­terior propietario de la casa.


Joe no pareció sentir demasiada curiosidad.


-¿Cómo lo encontraste?

-Alguien me ayudó. Ha sido muy amable y com­placiente.

-¿Quién, el propietario o ese alguien?


Definitivamente estaba celoso, y a _____ le en­cantó.


-Los dos. El propietario se llama Jeb Gutherie. Ha sido una visita muy agradable.

-¿Dónde has quedado con él?


_____ podía continuar con el juego o recono­cer la verdad y terminar de una vez por todas.


-En una residencia de la tercera edad en Baton Rouge. Vive allí.


Si Joe se sintió aliviado con la información, no lo demostró.


-¿Has pasado casi todo el día con él?


______ Con el he estado menos de una hora, pero he resuelto el misterio de nuestros amantes. Me ha dicho...


-Ahórrame los detalles - le interrumpió él. _____se encogió de hombros.

-Vale -abrió un cajón para guardar el resto de la compra.

-¿Y después no has parado en ningún otro si­tio?


El interrogatorio empezaba a resultar tedioso.


-He parado a comer algo. Oh, y después me he metido en un bar de carretera a echar una partida de billar con una panda de ángeles del infierno. In­cluso me han hecho un tatuaje en el trasero. Pone «Bombón de Georgia. Cómeme» -se volvió a mi­rarle con una radiante sonrisa-. ¿Quieres verlo?

-Me alegro de que a ti te parezca divertido, por­que a mí no me hace ninguna gracia. Podía haber­te pasado cualquier cosa.

-Por favor -dijo ella con cierta exasperación-. Vine conduciendo sola desde Georgia y tardé nue­ve horas, no los treinta minutos que hay de aquí a Baton Rouge - _____apoyó un codo en la enci­mera y lo miró con una sonrisa zalamera en los la­bios-. ¿Me has echado de menos?


Joe no respondió, pero ella se acercó a él, le rodeó el cuello con un brazo y le tomó los labios con la boca. Al principio él no reaccionó, pero en cuestión de segundos se convirtió en un participan­te activo, jugando con la lengua en su boca y acari­ciándole las nalgas con las manos. Hasta que _____ decidió que ya era suficiente y se separó de él.


-Creo que eso responde a mi pregunta. Me has echado de menos.


Él la contempló en silencio, y ella vio en su men­te lo que quería hacerle: subirla sobre la encimera y hacerla suya allí mismo. Pero en lugar de hacerlo, le dio la espalda y dijo:


-Me voy a la cama.


_____ sabía que no era exactamente cierto. Qui­zá se retirara a su habitación, pero no a dormir. Y si todo iba según sus planes, ella se aseguraría de que de momento no pegara ojo.

_____ subió a su dormitorio y se puso el cami­són rojo de satén que había comprado en la ciu­dad. Al verse en el espejo recordó que había utili­zado la misma táctica con Richard sin resultado. Con Joe tendría que arriesgarse. Aquella tarde había pasado casi dos horas leyendo sobre la filo­sofía que había detrás del sexo tántrico, y entonces fue cuando se dio cuenta de que a la modificada versión de Joe le faltaba una cosa: la parte re­lacionada con la iluminación y la pureza del amor. Para alcanzar ese plano, era necesario abrirse tan­to emocional como físicamente. Pero Joe evi­taba las emociones. Y seguía haciéndolo.

_____ estaba segura de que podía convencer­lo para que soltara el férreo control que tenía de sus sentimientos y volviera a sentir otra vez.

Quería arriesgarse, pero antes tenía que encon­trarlo, y esperaba que para ello no tuviera que bus­car por toda la casa.

Cuando oyó el ruido de las puertas de la terra­za al abrirse, supo que lo había encontrado. Y ahora quería la oportunidad de hacer su fantasía rea­lidad.

Sentado con la espalda recta en el sillón de mimbre de la terraza, Joe supo qué quería _____ en cuanto la vio salir a la terraza. Ayudado só­lo por la luz de la luna, vio que iba de rojo, el co­lor de la seducción, y distinguió la palidez de su piel contra la oscuridad de la noche y la melena rubia y rizada caerle sobre los hombros como un aura. Parecía un ángel, un ángel decidida a sedu­cirlo y apoderarse de su voluntad.

Desde que descubrió los placeres del sexo sien­do muy joven nunca había rechazado la oportunidad de hacer el amor con una mujer que le gusta­ra, ni se había negado a sí mismo durante un pe­riodo de tiempo tan largo el placer de unir su cuer­po al de una mujer. Pero nunca había conocido a una mujer como _____. Admiraba su inteligencia y su cuerpo, apreciaba su fuerza y respetaba su de­terminación, excepto en aquel momento.

Tal y como temía, _____ quería ponerlo a prue­ba y quitarle la protección emocional que había eri­gido a su alrededor. Eso era lo que había hecho des­de su regreso de Baton Rouge, y él había fracasado estrepitosamente. No era asunto suyo dónde o con quién estuviera, pero le importaba, y mucho. Eso podía ser fatídico para los dos.

_____ se acercó a él con pasos lentos y gráci­les, y él se agarró con las manos al sillón como si eso pudiera librarle de la repentina emboscada.

 

«No me hagas esto, _____»


-Quiero hacerlo, Joe -dijo ella como si hu­biera hablado en voz alta-. Tengo que hacerlo.


Se inclinó hacia delante y le pasó las palmas abiertas por el pecho y el abdomen, acariciándolo despacio.


-Esta noche no lo necesitas - susurró ella, qui­tándole el medallón del cuello, en un gesto sim­bólico que indicaba que también le estaba quitan­do su férreo autocontrol.


Joe no protestó cuando le desabrochó el pantalón y le bajó la cremallera. De sus labios no escapó ni un gemido cuando le bajó los pantalo­nes y los calzoncillos, ni cuando ella se incorporó para mirarlo y lo vio endurecerse visiblemente an­te sus ojos.

Y cuando ella se arrodilló ante él y bajó la ca­beza, Joe supo que lo que iba a ocurrir estaba totalmente fuera de sus manos.

_____ lo exploró con la lengua desde la punta a la base antes de introducirlo completamente en el calor de su boca, y entonces él dejó escapar un largo gemido entre los dientes apretados. Si no la detenía enseguida, no sería capaz de hacerlo.

_____ le ofreció un momento de gracia al po­nerse de pie ante él, pero se lo retiró al levantarse el camisón de satén y quitárselo por la cabeza, quedando totalmente desnuda.

Después se sentó a horcajadas sobre él, le aca­rició el labio inferior con la lengua y le rozó el pe­cho con los pezones endurecidos.


-Puedes elegir, Joe. Puedes decirme que te deje en paz, y lo haré, para siempre. O puedes de­jar de negarnos lo que los dos deseamos con tan­ta intensidad y hacerme el amor ahora mismo.


En ese momento, la poca resistencia que le que­daba se hizo añicos y Joe la besó con fuerza a la vez que le alzaba las caderas con una mano y se guiaba hacia ella con la otra, penetrándola y ter­minando con meses de un celibato que se había impuesto como castigo por su negligencia. Nece­sitó hacer un gran esfuerzo para contenerse y no alcanzar el climax inmediatamente. Sujetó la cin­tura femenina con las dos manos y siguió los mo­vimientos del cuerpo que se mecía sobre él.

Decidido a llevarla hasta el límite, separó los muslos y de paso separó los de ella, entrando mu­cho más en su cuerpo. Cuando interrumpió el be­so y alzó ligeramente las caderas, vio la transfor­mación en el rostro de _____, de dama de alta cuna a mujer totalmente desinhibída. Sin dejar de mirarlo a los ojos, _____ lo cabalgó con fuerza, como en su fantasía.

Adrien quería que durara más, pero su cuerpo tenía otras ideas y el de _____ también. Bajó las manos y acarició a Selene entre las piernas sólo unos momentos antes de sentir las contracciones del orgasmo que amenazaba con hacerlo estallar a él también. Maldijo sus limitaciones, pero el cli­max se apoderó de él y le provocó un estremeci­miento que lo recorrió de la cabeza a los pies.

_____ se desplomó contra él, y sus jadeos entre­cortados eran los únicos sonidos que interrumpían el silencio de la noche. Permanecieron así un rato hasta que ella levantó la cabeza y le acarició la cara.


-No ha sido tan difícil, ¿verdad?


_____ no tenía ni idea de lo difícil que había sido para él, al menos en cuanto a dejar las rien­das de su autocontrol.


-Me has pillado desprevenido.

-Pensé que sería la única manera de hacerte cooperar.

-Pensaste bien.

-Y ahora que he conseguido lo que quería, te de­jaré para que continúes con lo que estabas haciendo.


Y dejándolo prácticamente con la boca abierta, _____ se levantó, se puso el camisón y volvió a su dormitorio, dejándolo con los pantalones por los tobillos y sin saber qué decir. Joe estaba segu­ro de que _____ lo invitaría a su cama, y era lo que había deseado en el fondo de su alma. Pero Selene lo abandonó después de unos placenteros momentos de sexo, igual que había hecho él las noches anteriores. Y por algún motivo que no lo­gró descifrar, eso no le gustó nada.

En los momentos de unión de sus cuerpos, Adrien tuvo la impresión de que _____ podía absolverlo de todos sus pecados, pero si descubría lo que ha­bía hecho, solo podía esperar un indulto tempo­ral.

Al margen de eso, quería más de ella y menos sufrimiento, hasta que desapareciera de su vida para siempre.

Había pasado una hora cuando _____ notó la curva del colchón a su espalda y dos brazos alrede­dor de su cuerpo. La repentina aparición de Joe la sorprendió tanto como su total desinhibición en la terraza un poco antes.

Se volvió en la cama para mirarlo, separada de él tan sólo por la suave sábana de algodón. Segu­ramente él estaba tan desnudo como ella.


hoola mis amores, hasta aqui elc ap, les quiero decir algo etsa nove esta nominada a mejor nove hot en est metro jonatics-awards. Por fiis voten por miii y mi otras nove osea madre de arquiler esta nominada a mejor nove Nick y tu en esto otro metro jonaticawards. si puenden voten por mi, en las dos nominacion en este metro q coloque d eultimo mi otras nove One Nigth q muchas de estudes leyenron tambien esta nomina a mejor nove Nick y tu, voten por la mejor jiji no pasen sin comentar bay beos ♥♥

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Joe

Joe

tu

tu

Nick

Nick

Kevin

Kevin

Haaa! ♥

Haaa! ♥

Hoo si!!

Hoo si!!

Yop

Nombre: dannery perez

Edad: 16

Cumplo: el 8 de abril

Me dicen: danne, dan, mizz crazy o la flaca.

Musica: pop, rock, balada, reggeton, dembow, bachata, country, salsa, mereguen y muchas mas.

Artistas favorito: Shakira,  Jennifer L., Marc A., Nick Jonas, Daddy yYankee, Wisin y Yandel, Luis Fonsi, Cristina Agulera, Britney S., Lady Gaga, Chayane, Chino y Nacho, entre otros  

Grupos de musica: The jonas brther, maroon 5, los black eyed peas, camila, kudai, reik, miranda,  entre otros. 

Pelis favoritas: la saga de twilight, la saga de harry potter, remember me, las 3 parte the grudge, high school musical, camp rock, el titanic entre otras.

Mis gobbis: leer, escribir, escuchar musica y por supuesto adorar a los Jonas. 

Mis sueñoscanocer a los jonas y violar a nick, es que es tan sexy y si quedo con fuerzas despues violo a joe jiji. 

Mis gustos: los labios de Nick, el trasero de Kevin y el amiguito de Joe jiji. 

artistas que odio: Miley, Selena, Demi, Tylor Swift, Samantha barks ,  Jasmine Villega  y Delta Goodrem 

Libros favoritos: la saga de twilight, la saga de harry potter.  todas las novelas de bianca, deseo, pasion y fuego jiji

Palabras que digo siempre: no me hagan eso!!, que fuerte, novi nada, no escuche nada, sin comentarios, eso no iva, ok trankilisate entre otra. 

Actores favoritos: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Robert Pattison, Taylor Lautner, Kristen Stewart, Rupert Grint, Cameron Dias, Jessica Alba, Angelina Jolie muchos mas.

                       ♥ Fin ♥

 

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